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Construyendo
No. 31 | Julio - Agosot de 2000

Nuestra palabra
La violencia genera violencia

En más de una ocasión, los especialistas en el tema de la violencia ciudadana se han referido, sin rodeos, a las causas y factores que están en el origen y base de la violencia, de los asaltos, de las bandas juveniles, de la violencia intrafamiliar.  Unos meses después de la invasión a Panamá, en 1989, salió un militar norteamericano diciendo que había que arremeter con más violencia, con más armas, contra la violencia que crecía en todas las ciudades del país. En aquel entonces, la doctora Marcela Márquez explicó, a través de los medios de comunicación, que el desempleo era uno de los factores que funcionaban como caldo de cultivo para la violencia.   No volvimos a escuchar el absurdo comentario del militar norteamericano; los militares siempre creen que todo lo pueden resolver con la violencia y el poder que les da las armas, que apuntan a toda aquella persona o pueblo, que consideran desobediente a sus órdenes y designios. 

Cuando analizamos el caso de las llamadas "bandas juveniles", con qué facilidad hablamos, con el estómago lleno, únicamente de valores cívicos y éticos, como si ignoráramos que el desempleo, también es uno de los factores de la violencia creciente. El desempleo juvenil en Panamá es de 28 por ciento, el doble del promedio nacional. ¿ Por qué excluir de este análisis las condiciones de vida en el Panamá de hoy?  ¿Qué dicen al respecto, los indicadores sociales, sobre el empleo, educación, canasta básica de alimento y familiar; sobre los salarios de los trabajadores? ¿Hemos superado el altamente conocido tercer lugar en peor distribución de las riquezas en nuestro continente ?

A mayor empobrecimiento mayor violencia; el mismo empobrecimiento es ya una forma de violencia que se le ha impuesto al pobre. Aquí se aplica una regla matemática: la violencia es directamente proporcional al empobrecimiento. La sociedad "se hace" más violenta mientras más se empobrece.  Superar  las causas del empobrecimiento sí permitiría hacer camino seguro en la construcción de un proyecto nacional sin violencia. La doble moral de la sociedad en este tema es expresada claramente por Don Hélder Cámara: "cuando doy pan a los pobres, me llaman santo, cuando pregunto por qué los pobres no tienen pan, me llaman comunista.".

Si bien es cierto que el tema de los valores y criterios de vida está en el centro del análisis del comportamiento ciudadano,  éste no se da en Marte, por lo que necesita ser contrastado con la realidad de la economía y la política que se practica en el país.  ¿Cuando hay más corrupción, más desempleo, más concentración de la riqueza y una mayor iniquidad, por qué deberíamos esperar menos violencia?.  El aumento de la violencia ciudadana, en sus diversas facetas, no es otra cosa que la expresión de la VIOLENCIA INSTITUCIONALZADA, denunciada desde  los tiempos bíblicos. El profeta Ezequiel lo expresa claramente, refiriéndose a Israel: en tí se acepta el soborno, aún para condenar a muerte, y se practica la usura. Tú atropellas y despojas al prójimo y te has olvidado de mí.

La violencia institucionalizada se hace evidente en la macrocorrupción, la impunidad,  la acumulación y la iniquidad que, en  general, rigen el rumbo de la sociedad y se reproducen en lo particular, en  los ámbitos personales y grupales de quienes quieran alcanzar una vida "exitosa". Ellas constituyen la forma más evidente y brutal de violencia, que repercute sobre todo el tejido social. Este estilo de sobrevivencia  se traslada fácilmente al campo personal como auténtica carta de ciudadanía, que en Panamá, lo conocemos como el  "juega vivo", tan profundamente introyectado, metido hasta el fondo, en la mentalidad del sistema.  El gobierno, la empresa privada, la Iglesia, la familia y las organizaciones, viven a diario la presión social  del "juega vivo".  ¿Cómo se define el "juega vivo", no en la teoría, sino en el comportamiento de la gente?  Cuando contestamos, examinando nuestra propia vida, antes de lanzar piedras al tejado ajeno, aparece toda clase de "grillos".  Necesitamos hacer esta reflexión si creemos  que la solución a los grandes problemas sociales, comienza en la actuación coherente de las personas.

De todo hay en el "juega vivo", y no está de más decir que, aunque la expresión es panameña,  el "juega vivo" no; todo el patrón de comportamiento insolidario, egoísta, diabólico y antisocial,  se reproduce, en el mundo, como reguero de pólvora.  Imagínense, que en el "juega vivo", hay quienes piensan, que pueden engañar, hasta al mismo Dios.  No son pocos los enriquecidos que piensan que, a la vez que viven, a profundidad, el egoísmo y la insolidaridad, construyen su camino de salvación, repartiendo sólo migajas de una mal llamada "caridad".  Algunos llegan a creer que faltar a la caridad, por medio de la acumulación se compensa con rezar, a pesar de que el Evangelio nos manda compartir.

Durante las caminatas de los trabajadores, y otros sectores populares, cuando pasan frente a la Asamblea Legislativa, gritan: ¡ahí están, esos son, los que venden la Nación!  ¿Qué tiene que ver esto con la corrupción, la impunidad y el acaparamiento?  ¿Qué relación hay entre esta situación y la violencia que se respira en los barrios empobrecidos de la ciudad? 

¿Qué es lo que están diciendo sobre las bandas juveniles?  ¿No es ésta, la pandilla, la banda, una respuesta juvenil para sobrevivir en una sociedad que los niega, que los llama a consumir y, a la vez,  les niega educación y trabajo? En nuestro caso, tenemos que preguntarnos ¿cuáles son los desafíos que le plantea la violencia en general, a la Pastoral Social-Cáritas en particular?,  ¿cuáles los desafíos que  plantean las bandas juveniles a la Pastoral Social?  En principio, también debemos recordar, que la Pastoral Social, es parte de la Iglesia y la Iglesia es parte de la sociedad.

Oficina Nacional de Pastoral Social-Cáritas



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Agosto 2006