No. 34 |
Enero - Febrero - Marzo de 2001
Nuestra palabra
La justicia social en Panamá
Después de un largo trabajo, más de tres años, a través de seminarios, encuentros, talleres, asamblea y congreso, las personas que trabajamos en la animación y coordinación del proceso nacional de Pastoral Social-Cáritas de la Iglesia Católica en Panamá, nos reconocemos en el texto de La Justicia Social en Panamá(JSP). Así se titula la Carta Pastoral #16 de la Conferencia Episcopal Panameña (CEP), publicada el 6 de enero de 2001. En el número 4, dicen los obispos de la CEP: En la primera y tercera parte hemos tomado en cuenta los aportes del Ier Congreso Nacional de Pastoral Social-Cáritas que se realizó en el mes de octubre del año 1999....
Los obispos hablan sobre los momentos difíciles que vive Panamá. Se trata de un aporte en la búsqueda del Panamá que queremos construir entre todos, lo que sólo podremos lograr, impulsando la conversión personal y la transformación estructural.. Sobre el panorama de la realidad del país, dice la CEP, que La falta de oportunidades para la gente pobre, a pesar de tanta riqueza y opulencia que existe, es señalada como el principal problema nacional.. Vivimos en un país que se organiza y funciona casi exclusivamente para servir al progreso económico, en detrimento, muchas veces, de la calidad de vida humana. Sería interminable la enumeración de todas las situaciones que hoy hacen sufrir a muchas panameñas y panameños: violencia, explotación, empobrecimiento, corrupción, impunidad, inseguridad. (No. 5 JSP).
Sabemos que las dificultades y sufrimientos de los más empobrecidos en Panamá, no son de nuestra exclusividad. Al respecto dicen la CEP: Vivimos en un contexto internacional de globalización, con fuertes presiones a la apertura del mercado y al repliegue del Estado a funciones mínimas, y de privatización de empresas de servicios públicos. (No. 16 JSP).
El análisis de la realidad panameña, nos señala, también nos presenta como signo positivo la presencia de los sectores del pueblo que se organizan para defender sus derechos. Entre ellos encontramos al Movimiento Nacional por la Defensa de la Soberanía (MONADESO), conformado por un conjunto de organizaciones sociales, sindicatos, gremios, instituciones y organizaciones de estudiantes. El 13 de enero de 2001, en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, el MONADESO realizó su II encuentro con el lema: Por la renacionalización de las empresas de servicio público. Entre los acuerdos del encuentro destacamos los siguientes: Enfrentar la globalización neoliberal que concentra las riquezas en unos pocos y excluye de la misma a millones de seres humanos en Panamá y en el mundo.. Llamamos a completar la lucha por la recuperación de la soberanía nacional y popular sobre el Canal de Panamá y todo el territorio nacional. El mayor uso social de las riquezas del Canal y las áreas revertidas es una tarea que debemos enfrentar. Denunciar la corrupción e impunidad en el manejo de las riquezas del país que explican el origen de los nuevos ricos y el escandaloso enriquecimiento de la oligarquía que crea un abismo frente al hambre y la miseria del pueblo humilde y empobrecido..
Ahora que la población, con justa razón, exige un alto a las políticas neoliberales; a las privatizaciones y las insoportables alzas en las tarifas de las corporaciones piratas al frente de las empresas de luz y teléfono, los partidos políticos tradicionales, que maneja la oligarquía criolla, miran hacia todos lados sin oír, ni ver, ni enterarse del clamor de la población. ¿Dónde quedaron las promesas electorales? ¿A dónde se fue toda la camaradería y amistosidad que derramaban los partidos políticos, en busca del poder, sobre la población empobrecida y esperanzada de mejores días?
Bien dicen los obispos, que, Como cristianos no debemos apoyar partidos y proyectos políticos que funcionan exclusivamente al servicio de los intereses del poder económico y en detrimento de la vida y de los derechos humanos, lo que los hace ineficaces para impulsar el bien común. (No. 104 JSP).
Sobre la participación democrática, dice la CEP: ¡Qué difícil es hablar de democracia cuando hay una estructura económica que hace más y más grande la brecha entre excluidos y acumuladores! Vivir en democracia implica la existencia de mecanismos para que cada persona y todas las personas integrantes de la sociedad, podamos opinar, participar y decidir en condiciones de igualdad. (No. 17 JSP). En este tema de la democracia, como en otros puntos y aspectos de la Carta Pastoral la JSP, los obispos no se limitan a comprobar la realidad, sino que proponen alternativas y luces para transformarla. Dicen sobre la democracia: La sociedad y las fuerzas vivas que la conforman enfrentan el desafío de construir espacios para una auténtica participación, en donde los sectores humildes del pueblo empobrecido tengan la oportunidad de reflexionar sobre la realidad del país y se comprometan en las tareas que demanda nuestra vida en sociedad. (No. 19 JSP).
Porque rechazamos los métodos violentos, denunciamos las injustificadas alzas en las tarifas de luz y teléfono, ¿acaso las alzas no son una forma de agresión violenta a la población?, ¿cómo podemos llamar a las alzas que le disputan a amplios sectores de la población el alimento, el vestido y el derecho a la educación?, ¿no saben los señores de estas empresas transnacionales de los bajos salarios, de hambre en muchos casos, que perciben los trabajadores panameños? El alza en las tarifas de luz y teléfono, la corrupción, la impunidad, el acaparamiento de las riquezas de la sociedad, constituyen la violencia estructural e institucionalizada que tanto daño está causando a la población. Esta es la primera y gran violencia. Todos y todas tenemos la responsabilidad de enfrentarla desde la raíz.
Combatir la corrupción, a esto nos invita la Carta Pastoral JSP en el No. 156: Todo esto presupone una lucha frontal contra la corrupción y la impunidad, tanto pública como privada. La corrupción en la administración del Estado daña la credibilidad del Gobierno y afecta de manera directa los recursos disponibles para invertir en obras sociales. La corrupción es un verdadero robo a los más pobres. La transparencia y la lucha contra la impunidad son elementos indispensables para hacer creíble la institucionalidad democrática.
La realidad del mundo de hoy, nos enseña, con el descaro más inhumano, hasta dónde es capaz de llegar el sistema de antivalores que pone todo su amor en el dinero y en el afán de lucro. La globalización nos empuja a las hondonadas y abismos, del espejismo que nos ofrece la internacional de la derecha. No se trata de ofrecer un mundo plano de izquierda, de lo que se trata es de proclamar y vivir, con la mayor coherencia posible, el pleno respeto por la gente y la ecología, esto es, lo que en definitiva cuenta: la indisoluble relación que existe entre los seres humanos y la naturaleza.
En la actual cultura dominante, resulta evidente que todo esfuerzo político partidista va destinado a conquistar audiencia y voto, contrario a esta práctica sesgada, aunque muy rentable, creemos, como señalan los obispos, que los panameños enfrentamos el desafío de construir espacios para la auténtica participación.... Urge en Panamá, la construcción de una organización política, en donde los sectores humildes del pueblo empobrecido tengan la oportunidad de reflexionar sobre la realidad del país y se comprometan en las tareas que demanda nuestra vida en sociedad.
Héctor Endara Hill