No. 38 |
Nov. - Dic. de 2001
Nuestra palabra
Muerte, guerra y negocio
Ya nadie sabe a cuánto ascienden los muertos por efectos del bombardeo de aviones y mísiles norteamericanos en Afganistán. Asistimos, sordos y ciegos, a otra de las matanzas y crímenes de la humanidad que, cada vez con mayor saña, practica el gobierno de los Estados Unidos. Los B-52s y F-16s, los helicópteros Apache o los mísiles Tomahawk no discriminan entre Talibanes, afganos en general, Bin Laden o población civil, todas las personas inocentes están expuestas al bombardeo y lo han sufrido directa o indirectamente.
Por un momento, pensemos en lo siguiente: supongamos que el país, la ciudad, el pueblo o el lugar en donde actualmente vivimos, es sometido a la campaña libertad duradera a la que se somete a todos los afganos. El país destruido, miles y miles de personas inocentes, hombres, mujeres, niñas y niños asesinados, algunas de ellas, familiares nuestros: madre o padre, hermano, esposa, o hija... Millones y millones de personas abandonando sus casas y sus tierras, todas, ambulando de un lugar a otro, en condiciones infrahumanas, perseguidas y odiadas por la violencia de la guerra y de los señores del poder, odiados y apedreados también en las fronteras en las que buscan refugio. El país, en este caso el nuestro, agredido, desde dentro y desde fuera, agujereado, derribado y destruido por el bombardeo implacable e indiscriminado. Los directores de esta guerra terrorista, anuncian, que sólo pretenden apresar (destruir sería más preciso) al hombre y a la milicia, que ellos mismos hicieron, cuando la financiaron, armaron, entrenaron y lanzaron, en otros tiempos, con otros propósitos.
¿Qué es lo que realmente hay detrás de toda esta maldita guerra (¿hay alguna que no lo sea?)? ...el Pentágono anunció anoche que el X-35 de Lockheed Martín es el ganador del JSF (Joint Strike Fighter), el mayor contrato militar en la historia, con una facturación de 200.000 millones de dólares que podrían duplicarse con la exportación... El Pentágono piensa encargar 3.000 unidades del nuevo avión, y el Reino Unido hasta 150 unidades. Si estos pedidos se cumplen, el volumen de la operación alcanzará los 200.000 millones de dólares... El coste estimado por unidad del JSF oscila entre los 28 y los 39 millones de dólares... Si el contrato más caro de la historia genera unos 200 mil millones de dólares, las expectativas de exportación suponen una cifra similar. Ya se han asociado al programa, con distintos grados de compromiso, Dinamarca, Noruega, Holanda, Canadá, Italia, Bélgica, Turquía, Singapur e Israel... Lockheed Martín anunció ayer que sus beneficios aumentaron un 54% en el tercer trimestre de este año, con unas ganancias de 213 millones de dólares, frente a los 704 millones de pérdidas del mismo periodo del año anterior. Y todo eso en el momento de una recesión económica y para salir de una recesión.
Entre las atrocidades recientes, para mencionar una, está la cometida por los Serbios en Srebrenica. Pues miren que allí, los señores de la guerra dejaban a un lado a la mayoría de las mujeres y niños cuando realizaban sus matanzas, cosa que no ha sucedido con el bombardeo de los Estados Unidos sobre Afganistán. En Srebrenica los Serbios masacraron a más de 6 mil personas, actualmente, en el Tribunal de la Haya se juzga este crimen contra la humanidad. ¡Libertad no es lo mismo que esclavitud o sometimiento! ¡Justicia no es lo mismo que venganza! En la Haya, a falta de un Tribunal Penal Internacional (TPI), que se ocupe de este tipo de asesinatos -crímenes contra la humanidad- se intenta hacer justicia. ¿Acaso no debería ser el TPI el espacio más idóneo para juzgar y hacer justicia en los casos de crímenes contra la humanidad? ¿Por qué la resistencia del gobierno de Estados Unidos al TPI?
El tema de la corrupción y las falaces y ridículas democracias que vivimos y sufrimos en nuestros países, no son temas distintos a la absurda crueldad de la guerra. Toda guerra tiene en su génesis un ovillo de injusticias, corrupciones y grandes negocios en donde el bien común es desplazado por el interés particular de individuos y grupos de individuos, o grandes transnacionales de la economía. El respeto a la dignidad de las personas y de los pueblos, la solidaridad y la búsqueda del bien común están en la base de toda paz justa y de toda convivencia solidaria.
En nuestro caso, Panamá, si la gestión de gobierno, desde los diferentes poderes de la nación panameña, se convierte en peldaño para hacer negocios, y grandes negocios que comienzan por cobrar jugosísimos salarios, por lo que debería ser una labor de servicio, como actualmente sucede, sólo recordemos el tema de las partidas circuitales, el interés por el bien común y el respeto al derecho de las mayorías es supeditado al interés de los comerciantes de dentro y de fuera. En esta lógica se inscribe e inspiran algunos funcionarios de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) que, amparados en la ilegítima y espuria Ley 44 del 31 de agosto de 1999, intentan imponerle al país un dañino proyecto de ampliación del canal que sería un negocio rentable para poderosos grupos económicos, y sumiría en la miseria y el abandono a miles de familias campesinas que serían desplazadas de sus tierras.
Héctor Endara Hill