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Construyendo

No. 41 | Junio - Julio de 2002

Nuestra palabra
De fútbol, pasión y militancia

Junio ha sido el mes del mundial de fútbol.  Sin tener en cuenta, ni la importancia ni la dimensión; todo acontecimiento ha sido opacado por el desarrollo de la competencia entre los equipos representantes de los 32 países.  Con afición o no, todos hemos sido obligados a desayunar, almorzar, merendar y cenar fútbol.  No se trata aquí de rechazar, lo que algunos catalogan como alimento espiritual.  Es cierto que las artes y el deporte forman parte de la dimensión humana, que ambas nos ayudan a entender que estamos de paso y estrechamente vinculados y relacionados con toda la creación, que nada a nuestro alrededor nos puede ser ajeno.  Lamentablemente, sólo a veces, un pequeño puñado de seres humanos actúan en conciencia y en consecuencia de esta realidad.

El negocio, con su garrote mágico de ganancia y acumulación, distorsiona todo lo que golpea.  El arte y el deporte se mercantilizan, se mata lo espiritual, la forma se divorcia del contenido, el objetivo ya no es sublime y desinteresado, ya no es dar alegría y pasión.  Ahora, la mercadotecnia del fútbol de la FIFA no busca esparcir la alegría, sino concentrar más la riqueza.  Sólo así se explica que algunos (demasiados) partidos de fútbol hayan sido aburridos hasta el cansancio; que algunos (demasiados) jueces de línea, cuidaran todo, menos la línea; que algunos árbitros (demasiados también) estuvieran en todas partes, menos en el partido que arbitraban.

El fútbol, con la evidente ayuda que le otorgan los actuales medios mercantiles de la información, enciende pasiones, atrae y concentra la atención de millones de personas en todo el mundo.  Con el perdón de los pasionarios y pasionarias, casi adictos, del fútbol, nos preguntamos:  ¿Si somos capaces de levantarnos puntualmente a la 1 y 30 de la madrugada para ver el partido de fútbol, por qué no lo somos para llegar puntualmente al compromiso que nos reclama la realidad histórica de nuestro tiempo?

Hablo de fútbol, pasión, y militancia.  ¿Si somos capaces de desvelarnos por la "religión" del fútbol, porqué no lo somos para soñar con pasión la construcción de otro mundo posible?  ¿Si una patada de Ronaldiño anotando un golazo desde 70 metros de distancia nos conmueve hasta la última fibra de nuestro ser, porqué la vida de 70 mil seres humanos que mueren, cada día, goleados de hambre por la economía liberal, no conmueve ni una sola fibra, ni merece tres segundos de desvelo en tantas personas? 

No negamos el derecho a la alegría del pueblo, y menos ahora, cuando el demonio del armamentismo y el neoliberalismo, disfrazado de caza terrorista, anda suelto esparciendo la tristeza, el sufrimiento y decretando la muerte de la vida humana y la ecología del planeta.  Por el contrario, reclamamos que el fútbol no sea aburrido, que la alegría sea el sentimiento para celebrar la fiesta, cuando deje de ser un negocio  y realmente sea una fiesta.  Reclamamos, con ilusión, con fe y convencimiento, que el negocio, siempre interesado y manipulador, saque sus manos del fútbol, de la naturaleza y de los pueblos.  Reclamamos para la vida comunitaria, para la construcción de otro mundo posible: humano, solidario y pleno de esperanza, la pasión, el desvelo y la militancia que los actuales seguidores del mundial son capaces de otorgarle al triste espectáculo comercial en el que han convertido el fútbol.

Samir Amin, reconocido pensador y economista egipcio dice que:  "El momento histórico que vivimos hoy es el del hegemonismo de la derecha, una derecha brutal que moviliza todos los medios políticos y militares a su alcance para imponer un nuevo orden económico y social.". "La estrategia de construcción de un frente internacional de los pueblos contra el proyecto de la triada y el hegemonismo norteamericano exige que el combate sea sistemático, a la vez contra el liberalismo económico y contra la guerra.". 

"No se puede luchar solamente contra una u otra dimensión del liberalismo económico en los centros del sistema (Estados Unidos o Europa) y pasar por alto las intervenciones militares en las periferias.  Esas intervenciones no responden a una lógica independiente; por el contrario, son parte integrante del despliegue de la economía liberal.".

Sobre los graves acontecimientos que en medio del fútbol de la copa mundial suceden en Palestina, nos dice el escritor panameño Guillermo Sánchez Borbón"Ojo por ojo y diente por diente". Las acciones de Sharon no responden a una estrategia. La violencia, en ciertos casos, puede formar parte de una concepción política. La violencia por la violencia misma, en cambio, procura a sus practicantes ciertas satisfacciones psicológicas, pero jamás produce resultados positivos. Cuando Sharon subió al poder, las personas sensatas y con memoria histórica (subespecie en vías de extinción) se llevaron las manos a la cabeza, porque recordaban su espantosa hazaña en El Líbano, y porque sabían que era enemigo de una paz negociada.

Como algunos fanáticos musulmanes, su meta es el exterminio del adversario. Se propuso acabar el terrorismo individual con el terrorismo de Estado, olvidando que un gobierno en ningún caso puede comportarse como un particular. El caso del fascismo está a la vista, y los israelíes, víctimas del holocausto, debieran ser los últimos en olvidar las consecuencias de una política represiva indiscriminada.

Si a un pueblo se le despoja de sus esperanzas de tener un Estado nacional, recurre a los sangrientos atentados, que, por culpa de su colérico Premier, han traído tanta muerte y dolor al pueblo israelita. Por otra parte, la condena de la violencia Palestina debiera estar atemperada por el recuerdo de que los fundadores del Estado de Israel también eran terroristas.

"Ojo por ojo y diente por diente". Jesús se sintió obligado a repudiar una sentencia que nos condena a la vendetta perpetua, y que hace imposible una convivencia civilizada entre los descendientes de Sara y los de Agar.".

Seguimos hablando de pasión y de desvelos.  Sin desechar el buen fútbol, lo más escaso en la copa mundial, rechazamos el negocio que sacrifica y secuestra arte y deporte.  Entre partido y partido, pudimos rescatar pedazos de fiesta y alegría, cuando jugadores, técnicos y árbitros se inspiraron, y en la cancha, soñaron que otro fútbol es posible.

También, entre partido y partido, que plagaron las páginas, ondas de radio y pantallas de TV, las Comunidades Eclesiales de Base de Costa Abajo en Colón, sin la prominencia del fútbol, celebraron 30 años de pasión, fiesta, alegría y desvelo humano, 30 hermosos años de terquedad y esperanza. Que el Dios de todos los nombres y de todos los pueblos, bendiga y aliente la Iglesia de Jesús resucitado.

Héctor Endara Hill



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Agosto 2006