| No. 42 |
Agosto - Sept. de 2002
Nuestra palabra
¿Maquilas en Panamá?
El Plan Puebla Panamá camina a paso firme El diario La Prensa, del pasado 31 de julio, publicaba una información según la cual la Autoridad de la Región Interoceánica (ARI) viene trabajando en un anteproyecto de ley para crear en la antigua base de Howard una ZONA ECONÓMICA ESPECIAL (ZEE). Incluso se habría presentado en la Mesa de Diálogo Nacional donde se habría frenado momentáneamente por la oposición de los sindicatos. Bajo el nombre de la Zona Económica Especial y, siempre según la información del diario, se pretende crear una "zona franca" para atraer a empresas transnacionales que quieran establecer en Panamá sus centros de producción. Como estímulo a la inversión en esta zona se aplicarían normas laborales, fiscales y administrativas diferentes a las vigentes en el resto del territorio nacional, entre otras: En lo laboral: Se permitiría flexibilizar el despido. No sólo el bajo rendimiento, sino también la disminución en las ventas de la empresa, o en la demanda de servicios podría ser causa de despido. El mismo no requerirá la aprobación del Ministerio de Trabajo. / La remuneración por el trabajo realizado en horas extras o en festivo disminuye del 50 al 25 por ciento. / La remuneración económica por el trabajo realizado en horas extras se podrá sustituir por tiempo libre compensatorio. En lo fiscal: El área estará libre de todo impuesto directo, indirecto, contribuciones, tasas, derechos y gravámenes nacionales. En lo administrativo: Las empresas podrán introducir a la ZEE toda clase y cantidad de mercancías con exención del pago de impuestos nacionales e incluso los derechos consulares. / Los productos manufacturados o ensamblados por empresas del área, que utilicen materia prima extranjera, podrán ser introducidos al territorio nacional pagando solamente los derechos de importación correspondientes a la materia prima extranjera empleada en su elaboración. Maquilas una concreción del capitalismo salvaje. En el resto de países centroamericanos estas iniciativas reciben el nombre de maquilas. Responden al interés de las empresas transnacionales de rebajar al máximo los costos de producción por la vía de trasladar algunas actividades productivas, que requieren mucha mano de obra, a los países menos industrializados que tienen bajos salarios. Mano de obra barata, casi esclavizada. Los gobiernos alardean de atraer inversión extranjera sin que les duela hacer un sinnúmero de concesiones tributarias, financieras, laborales y ambientales reñidas con los derechos humanos y con elementales normas medioambientales. Las maquiladoras son presentadas como la solución para combatir el desempleo, obtener divisas y tecnología. Sin embargo, numerosos estudios confirman que los resultados son rotundamente negativos.
En toda Centroamérica se calcula que existen medio millón de personas empleadas en estos centros. En su mayoría son mujeres, no mayores de 25 años, a las que se les exige para su admisión un certificado de no estar embarazadas, pues el esperar un hijo es motivo de despido. Además se exige no pertenecer a sindicato alguno pues esta actividad está rotundamente prohibida y perseguida. En las plantas maquiladoras, los derechos laborales, reconocidos no sólo en las legislaciones nacionales, sino también en numerosas declaraciones y convenciones internacionales son letra muerta para los empresarios y para los gobiernos. Las únicas normas son los bajos salarios y las duras condiciones de trabajo que producen numerosos problemas de salud. Por mencionar algunos ejemplos comprobados de estas condiciones:
- en las maquilas está duramente restringido el abandono del puesto de trabajo para usar los servicios higiénicos
- no hay ventilación en los centros de trabajo pues cada metro cuadrado puede ser un puesto en la cadena de montaje
- jornadas de diez horas de pie frente a una máquina
- nula protección personal cuando la actividad que se realiza es tóxica.
Al contrario de lo que la propaganda vende, la actividad de estas plantas ensambladoras no aportan ninguna tecnología al país pues se trata del ensamblaje de piezas, en su mayoría de la industria textil o bien de sencillos aparatos eléctricos. Una parte integral del Plan Puebla-Panamá es un proyecto denominado "Marcha hacia el Sur" que pretende crear todas las condiciones laborales y de infraestructura para instalar en el sureste de México y a través de toda América Central, varios corredores para la industria maquiladora transnacional. Además de los beneficios directos para las empresas, esta estrategia tiene un efecto a medio plazo en el campo: permite emprender procesos de reestructuración de la tenencia de la tierra pues sirve de anzuelo al campesinado para encontrar una opción que le invite a abandonar sus tierras. Ello permite una fácil acumulación de superficie para empresas transnacionales agrícolas y ganaderas. Este fenómeno ya se está dando en México y algunos países centroamericanos con mayor historia en maquiladoras. En Panamá, las autoridades, más preocupadas por el concurso Mis Universo, no van a convocar un referéndum para consultar al pueblo si quiere incorporarse al Plan Puebla Panamá o si desea participar en el ALCA. Estos proyectos avanzan sigilosamente, pero sin freno. Ese es el caso del anteproyecto de creación de la Zona Económica Especial (ZEE). Cabe preguntarse: ¿ése es el futuro que queremos para Panamá? Por ello es trascendental la información y la presión por parte de las organizaciones y movimientos sociales con el objeto de detectar y frenar estos proyectos que sólo pueden traer devastación y mayor empobrecimiento.
Paco Aperador |