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Construyendo

No. 43 | Oct. - Nov. de 2002

Nuestra palabra
Democracia, participación y movimientos sociales

A dos años de las elecciones, ya empezó a moverse la pesada y costosísima maquinaria de los partidos políticos en búsqueda de adeptos, sin importarles ir al fondo de las necesidades básicas y fundamentales de la población.  El desprestigio de los partidos políticos sólo es superado por el desprestigio de los órganos de poder que estos partidos controlan a su antojo.  Cabeza a cabeza, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, compiten entre sí por acumular poderes y riquezas, preocupados sólo por acumular, para sí mismos, privilegios sobre privilegios.

Entre los partidos y los poderes, la competencia por la burocracia, la corrupción, el nepotismo y la impunidad es ceñida y pareja.  Los niveles de antivalores son tan altos, que ahora, lo que la población sabe y ve sobre corrupción e impunidad, ocupa espacios en los medios de comunicación.  El resultado está a la vista: una mayor inseguridad ciudadana, creciente desempleo y empobrecimiento, y el desborde de las estadísticas nacionales de violencia en todas sus facetas.  El divorcio entre ética y política es la norma entre partidos y actuales políticos partidistas de Panamá.  Eso explica los revoltijos y las componendas de ida y vuelta que se dan entre oposición, posición y gobierno.  Parafraseando a Simón Bolivar podemos decir que, en la realidad del Panamá de hoy, los políticos y "sus" partidos (nunca mejor dicho) no tienen programas, sino intereses.  ¿Alguien lo duda?

Con el tema Democracia, Participación y Movimientos Sociales, del 8 al 10 de noviembre, en la ciudad de Panamá, realizaremos el II Congreso de Pastoral Social-CÁRITAS.  Se trata de darle continuidad al trabajo de la carta pastoral No. 16 "La Justicia Social en Panamá" (JSP).  De buscar suprimir la lógica del capital, que animan y propagan los partidos, para construir la lógica de la solidaridad, la equidad y la soberanía, que animan los movimientos sociales.

Sin la participación, de verdad, desde las bases y las comunidades, en las tomas de decisiones, el funcionamiento de la democracia en el país es sólo ficción.  Vivimos lo que algunos llaman democracia restringida o controlada.  Una democracia que se limita, muy parcial e interesadamente, a aspectos formales de las candidaturas, de los partidos políticos y de las votaciones.  ¿Y qué pasó con la democracia de los procesos económicos?  Dicen los obispos: "¡Qué difícil es hablar de democracia cuando hay una estructura económica que hace más y más grande la brecha entre excluidos y acumuladores!" ( JSP 17).

La participación de las bases y las comunidades en la toma de decisiones es fundamental para el funcionamiento del país.  La comunidad tiene la necesidad de asumir una actitud crítica frente a la palabrería y la demagogia.  Los panameños debemos tener una clara libertad de conciencia en la toma de decisiones y no dejarnos influenciar ni manipular por sentimientos afectivos y de tradición familiar, métodos entronizados en la politiquería criolla y que aún persisten.

La política no se agota en los partidos políticos, ni en las elecciones.  La política es mucho más que elecciones.  El aporte político de los movimientos sociales constituye un valor fundamental para el afianzamiento de los valores de independencia y soberanía.  La participación política de movimientos sociales y organizaciones del pueblo: sindicatos, cooperativas, movimientos campesinos e indígenas, de mujeres, afroamericanos, migrantes, jubilados, etc., constituyen ejemplos claros de participación política.

Más allá de la limitada y restringida política partidista y electoral existe toda una gama de variantes que los movimientos sociales están poniendo en práctica.  Tenemos la puerta abierta al acompañamiento crítico, a la protesta con propuesta que están planteando los movimientos y organizaciones del pueblo.  Es innegable que existen otros mecanismos de participación e "incidencia" diferentes a las elecciones.  La labor de "incidencia" y presión pública en las calles para hacer escuchar la voz resulta, a veces, el único mecanismo de auténtica participación.  Los panameños tenemos el desafío de trabajar para organizar sólidos  mecanismos de contraloría o fiscalización ciudadana popular, desde las comunidades.  Tener presente que, ante los problemas básicos comunitarios, tenemos la necesidad de trabajar en la consolidación de organizaciones básicas comunitarias.  Dicen los obispos:  "La democracia no se puede restringir a los procesos electorales; por el contrario, para que sea auténtica, tiene que extenderse a todos los campos de la vida.  Democracia es más que poder elegir y ser elegido con igualdad de oportunidades: también es poder comer, estudiar, trabajar, tener una casa.  Sin embargo, la aspiración de una democracia participativa encuentra serios tropiezos en las condiciones económicas. Estas establecen ciudadanías de diferentes categorías, haciendo que la palabra, la información y los espacios de decisión se concentren en quienes monopolizan el poder económico, que controlan la propiedad de los medios de comunicación social y, en muchos casos, los propios partidos políticos.".  (JSP 17).

Ante la sordera de los actuales políticos y sus partidos, el voto en blanco, organizado en movimiento y campaña, puede ser un recurso válido, una alternativa digna y activa para expresar nuestra protesta o desacuerdo con el restringido sistema de partidos y candidatos a puestos de elección, que sólo buscan mayor acumulación de privilegios y la obtención de jugosos salarios que acrecienten sus intereses.

La politiquería no es la política.  Política es pensar en función del país y de la comunidad.  La corrupción más grande de la política es la utilización de ésta para acumular intereses personales o familiares.  La política es sobre todo la búsqueda del bien común.  Todos, hombres y mujeres, tenemos una responsabilidad social y comunitaria, en este sentido todos estamos llamados a participar en la política, NO EN LA POLITIQUERÍA.  Nadie puede desentenderse de las relaciones entre organización comunitaria, local, regional, nacional e internacional.

En el congreso de PS-C nos preparamos para animar una campaña política pastoral, desde nuestra fe, con la intención de lograr una participación ciudadana y popular, con énfasis en la formación y difusión de los criterios y valores.  Nos oponemos a que los criterios los determinen la publicidad, o las prebendas personales.  Tenemos que romper con la lógica del comercio y el mercadeo de votos y conciencia. Durante el período previo a las elecciones debemos realizar foros, encuentros, reuniones comunitarias.  Rechazar todo tipo de chantaje, coacción, canonjías, gorras, camisetas o mentiras, que nos empujan a votar sin conciencia y permanecer en el empobrecimiento.  Dicen los obispos:  "No podemos callar ante el abuso que cometen muchos partidos políticos contra humildes ciudadanos presionándolos para que se inscriban en estos colectivos, como paso previo para entrar en una lista de aspirantes a conseguir un empleo.  Esta agresión a los derechos humanos y a la dignidad de la persona se repite y agrava durante los períodos preelectorales.". (JSP 18).

La pastoral social o "compromiso" es una de las dimensiones de la Iglesia que, unida a la pastoral profética y la pastoral litúrgica, conforman la pastoral de conjunto.  La Cáritas en América latina y El Caribe, tiene un largo camino de reflexión y trabajo dentro de la dimensión del compromiso o pastoral social.  Al decir de Santiago, apóstol de Cristo "Ya lo ven, son las obras las que hacen justo al hombre y no sólo la fe." (2, 24).  En el contexto de este caminar, y animados por la exhortación apostólica Iglesia en América, las personas responsables de la Pastoral Social y las Cáritas de América nos reunimos en Santa Fe de Bogotá, Colombia, del 5 al 8 de Marzo de 2002, para definir nuestra misión y visión, y para determinar líneas de trabajo común.  Reunidos en Bogotá, laicos (hombres y mujeres), religiosas, sacerdotes y obispos, nos preguntamos sobre la misión o la tarea que nos corresponde realizar en la Pastoral Social-Cáritas del continente.  También nos preguntamos sobre la visión del continente y la visión de Iglesia que soñamos juntos, que juntos queremos construir, y esto fue lo que respondimos:

MISIÓN

La Pastoral Social-Cáritas en América, desde el contexto de cada país, está llamada a:  Animar, a la luz del Evangelio y la Doctrina Social de Iglesia, el proceso de transformación de la realidad de los pueblos de América, con el protagonismo de los pobres y excluidos, para construir, en armonía con la creación, una sociedad justa, fraterna y solidaria, signo del Reino de Dios.

VISIÓN

Como Pastoral Socia-Cáritas: Queremos un continente solidario, justo, democrático y pluralista donde los poderes públicos sean representativos, transparentes, y participativos para que cada hombre y mujer viva de acuerdo a su dignidad, tenga satisfechas sus necesidades básicas y use sosteniblemente los recursos de la creación para el bien común.

Y por lo tanto queremos una Iglesia que sea testigo de Jesús en el mundo, pobre, profética, y pascual, en conversión continua, donde los laicos sean protagonistas y que incida en los procesos históricos de transformación para hacer presente el Reino de Dios.

De esto se trata el trabajo que realizamos: con el protagonismo de los pobres y excluidos tomar partido con el proceso de transformación de la realidad de los pueblos de América hasta mancharnos.  ¿O existe otra manera de comprometerse, de verdad, con los procesos de transformación?  Lo que estamos diciendo es que en la Iglesia, especialmente los que trabajamos en Pastoral Social-Cáritas, estamos llamados a asumir, desde nuestra fe, el acompañamiento a los empobrecidos y excluidos, en sus justas luchas por transformar o cambiar la realidad de injusticia y anti reino que hoy rige en Panamá y el mundo.

¿No hay nada que hacer?  El país y la gente empobrecida y amenazada en el país claman desesperadas, ¿no los escuchan?, ¿no los ven?  "La sociedad y las fuerzas vivas que la conforman enfrentan el desafío de construir espacios para una auténtica participación, en donde los sectores humildes del pueblo empobrecido tengan la oportunidad de reflexionar sobre la realidad del país y se comprometan en las tareas que demanda nuestra vida en sociedad.".  (JSP 19).  Esta es una tarea y desafío que no podemos eludir, ¡manos a la obra!

Héctor Endara Hill


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Agosto 2006