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Construyendo

No. 44 | Enero - Junio de 2003

Nuestra palabra
Opción preferencial por los pobres

Vivimos tiempos de angustia y zozobra, los acontecimientos políticos, económicos, sociales y militares de los últimos meses muestran un deterioro creciente en la convivencia humana, que se refleja directamente en la feroz agresión contra la ecología. La lógica de muerte es animada por la política de guerra para garantizar los insaciables deseos de lucro con que avanza el sistema capitalista con su rostro actual de globalización neoliberal.

La convivencia internacional se ha convertido en un verdadero infierno en la Tierra, nefastos organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, que responden a los intereses y políticas de los Estados Unidos y el G-8, echan de lado a la Organización de las Naciones Unidas, o la utilizan en sus propósitos de dominación, para imponerle a los países empobrecidos el yugo de la miseria, la exclusión y la muerte. La recolonización y el saqueo, esta vez, por manos del capital financiero, entra "como Pedro por su casa" en nuestros países empobrecidos. El imperialismo del dinero utiliza la presión y el chantaje sobre gobiernos títeres que abren las puertas y otorgan todas las ventajas a cambio de migajas y privilegios. Con raras excepciones, la maldición de Malinche se apodera de los gobiernos en los países empobrecidos. Presidentes, ministros, jueces y legisladores le hacen la venia a la globalización neoliberal mientras las corporaciones extranjeras y el capital financiero engulle todas nuestras riquezas.

El imperialismo de los Estados Unidos, con la fiel colaboración de sus socios, que usurpan el gobierno en nuestros países, concentra su veneno neoliberal en la imposición de los Tratados de Libre Comercio (TLC), del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y del Plan Puebla Panamá (PPP). Como es la costumbre, para garantizar la actual estrategia de dominación económica y comercial, el imperio impone también el resurgimiento del militarismo y la guerra que, sin chistar, recibe el abrazo de las oligarquías latinoamericanas. Con sangre y fuego se acompaña la recolonización económica neoliberal a través del Plan Colombia y la Iniciativa de la Región Andina, que no son más que el brazo militar de la globalización neoliberal que impone los Estados Unidos al continente.

En el país, la demagogia electoral es el plato fuerte de la coyuntura, sin que esta calamidad de engaños y multiplicación de falsas promesas, haya podido acabar con la resistencia de los sectores populares organizados que enfrenta, en todos los campos, la lógica de muerte y destrucción del neoliberalismo. Los movimientos sociales deberán alertar todos los mecanismos de participación para vigilar el virus de la politiquería electoral local que intentará colarse en busca de presas fáciles y manipulables que le puedan servir a la partidocracia panameña y sus insaciables intereses.

Poblaciones campesinas, negras, e indígenas, enfrentan al sistema y su voracidad que amenaza con quitarles sus tierras para desplazarlos a las "villa-miseria" que reinan en las principales ciudades del país. La ecología, la tierra y agua de los ríos, que son nuestra madre y nuestros hermanos, pasan a ser factores de rentabilidad lucrativa para los ojos de los empresarios constructores de represas. La mayoría de los ríos más importantes del país están bajo el acoso de la ideología de la muerte que personifica el neoliberalismo. Los legisladores llevaron hasta segundo debate un proyecto de ley para incentivar la construcción de represas, en síntesis, se trata de hacer más lucrativo el negocio, legalizando el robo de tierras y aguas, y la violación de derechos humanos a las poblaciones indígenas y campesinas. Para disimular y engañar a la población, las empresas y sus legisladores, echan el cuento del progreso, el desarrollo y la repetida mentira de mejoras en la calidad de servicios y baja en los precios de la electricidad como una manera de justificar y hacer atractiva la auténtica ideología de destrucción y muerte que envuelven sus mentiras.

Es así como la Autoridad del Canal de Panamá actúa, con el apoyo de los legisladores, como un estado dentro del Estado de Panamá, para empujar el proyecto de ampliación y "modernización" del canal. En el "estado libre asociado" de la ACP confluyen enormes intereses de poderosos sectores económicos nacionales e internacionales que reúnen, en un solo bando de auténticos bandoleros, tanto a la flota de la marina mercante y de guerra de los Estados Unidos, como a la Constructora Urbana S.A.(CUSA), un negocio privado de la familia Alemán Zubieta.

Las esperanzas y alternativas al desastre que anima y promueve el neoliberalismo reside en la conciencia, la organización y capacidad de lucha de los movimientos sociales. Urge la conformación de formaciones políticas independientes de los sectores oligárquicos neoliberales, de los foros de la tramposa "sociedad civil" y de la partidocracia panameña. Aquí es tarea urgente la articulación de las luchas de los movimientos sociales; de los indígenas, campesinos, negros, mujeres y trabajadores en general. La defensa de las tierras y los ríos, de la Caja de Seguro Social, y del IDAAN, son tareas que requieren la articulación de todos los sectores populares del país. Para los cristianos, especialmente para los que animamos la pastoral social de la Iglesia que trabaja en Panamá, acompañar estas luchas y espacios de articulación nacional y regional se convierte en la opción preferencial por los pobres que el propio Jesús nos enseñó.

Héctor Endara Hill



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Agosto 2006