No. 45 |
Mayo de 2004
Nuestra palabra
Esta política es un mercadeo
¡Por fin terminaron las elecciones en Panamá! Hacer política tiene que ver con la forma de entender el poder, y aquí, la búsqueda de seguidores ha sido el objetivo para darle continuidad al sistema, para transformarlo se necesitan interlocutores. La conquista de audiencia y voto, sin duda, fue la tónica durante más de año y medio. Un auténtico mercado electoral de "compra y venta" caracterizó el proceso electoral panameño, y no podía ser de otra manera, ya que éste es el resultado de todo esfuerzo político convencional dentro de la cultura dominante.
Con el voto del pueblo, la partidocracia panameña "reencaucha" la maltrecha y gastada "llanta" de un sistema social, de profunda y escandalosa inequidad, que nos sitúa entre los primeros países del continente con la peor distribución de las riquezas, y entre los primeros también, con los más altos índices de corrupción.
La superficialidad, el maquillaje y la demagogia fueron las principales cartas de presentación. Ninguno de los problemas que mantienen en vilo, angustia y zozobra, a la población panameña fueron temas de fondo en las diferentes campañas políticas.
Candidatos y partidos, durante toda la campaña, se distinguieron por la evasión y superficialidad usada con temas cruciales para el desarrollo de la nación panameña. Pasadas las elecciones, los panameños seguimos sin conocer las propuestas concretas de partidos y ahora de candidatos electos, sobre temas como: La angustiosa situación que enfrenta al Caja de Seguro Social (CSS), constantemente saqueada y asaltada por ladrones y los distintos gobiernos acostumbrados a usarla como su caja chica; el creciente desempleo, el empobrecimiento, la marginación y la exclusión que sufren los panameños; las amenazas del "estado libre asociado" de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) de desalojar e inundar las tierras, en las que por varias generaciones, han vivido miles y miles de campesinos. La ACP, en el afán de favorecer a la flota mercante internacional y empresarios panameños (CUSA), empuja y trata de imponerle al país, de manera engañosa y truculenta, una innecesaria y destructiva ampliación del canal de Panamá; y más recientemente, como colofón a la corrupta gestión gubernamental, estamos ante la inminente destrucción de la economía panameña: de la pequeña y mediana empresa, de la industria y el agro panameños que supone el inicio de negociaciones destinadas a sucumbir a las imposiciones de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos.
El gobierno saliente está invalidado para el tratamiento de estos temas, por su torpeza, los panameños sufrimos las consecuencias negativas de la corrupción en la que se cocina la actual crisis económica, social y política que abraza al país. El gobierno entrante, deberá sacudirse las amarras que lo atan a los insaciables poderes económicos y políticos de fuera y de dentro. Por sus obras los conoceremos y sabremos cuál es la toma de posición del gobierno entrante sobre los temas cruciales de la Nación panameña. Además de la prolongada y frustrante actuación de todos los partidos políticos en la millonaria campaña politiquera que acaba de pasar, otro indicador de lo que podemos esperar del gobierno entrante, será el distanciamiento o el acercamiento a las posturas antinacionales y antipopulares que deja sembradas en el camino el gobierno de la señora Mireya Moscoso.
Las esperanzas las ponemos en la articulación de una "alianza nacional por la vida", que deberá forjarse al calor de las luchas de los diferentes sectores, organizaciones y movimientos sociales que se organizan y resisten las políticas neoliberales y sus expresiones de deuda externa, privatizaciones, Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), Tratado de Libre Comercio (TLC), Plan Puebla Panamá y militarismo.
Como Jesús, seguros del triunfo de la vida sobre la muerte, echamos nuestra suerte con los empobrecidos y los aparentemente débiles.
Héctor Endara Hill.