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LaCarta
61

 

Panamá, 5 de mayo del año 2000. (Día del Polvorín).

“¿Y qué cosas, dime, son tuyas? ¿Las tomaste de alguna parte y te viniste con ellas a la vida...? Por haberse apoderado primero de lo que es común, los ricos se lo apropian a título de ocupación primera... ¿Quién es ladrón? ¿Habrá que dar otro nombre al que no viste al desnudo si lo puede hacer? Del hambriento es el pan que tu retienes; del que va desnudo es el manto que tu guardas en tus arcas; del descalzo, el calzado que en tu casa se pudre...”.
San Basilio (Homilía Destruam).

Queridas hermanas y hermanos: La Constitución Política de la República de Panamá dice: “El trabajo es un derecho y un deber del individuo, y por lo tanto es una obligación del Estado elaborar políticas económicas encaminadas a promover el pleno empleo y asegurar a todo trabajador las condiciones necesarias de una existencia decorosa. (Artículo 60). Queda claro que del dicho al hecho, hay mucho trecho. La coherencia de vida continúa siendo el principal desafío en las personas y en las sociedades en donde abundan leyes que no se cumplen, democracias que no son democracias, educación que no educa, gobiernos que no gobiernan.

Sabemos que la pequeña y mediana empresa absorben un porcentaje mayoritario de la mano de obra panameña, también sabemos que existen situaciones concretas que indican que el salario de B/500.00 no lo pueden pagar, sobre todo, la mayoría de las pequeñas empresas, sin que esto suponga un serio riesgo para la continuidad de las personas que allí trabajan, y para la continuidad de la misma empresa. “Siempre a la sardina, se la come el tiburón”, es el refrán que aquí se aplica. En la encíclica Sobre el Trabajo Humano, dice Juan Pablo II: “una política laboral desde el punto de vista ético... es correcta cuando los derechos objetivos del hombre (y la mujer) de trabajo son plenamente respetados”. ¿Por qué no subsidiar a la mediana y pequeña empresa, que crean fuentes de trabajo digno, con una parte de los recursos y altos márgenes de ganancias que hoy tienen las grandes industrias y empresas en Panamá? ¿No es el tiempo ya, de que implementemos una auténtica reforma tributaria que obligue a los que más ganan, a compartir los bienes y riquezas que producen los trabajadores?

Salario mínimo o salario justo. Es una realidad, que desde el punto de vista de la Constitución, la Ley del Trabajo y el análisis de las cifras de la canasta básica de alimentos y la canasta básica familiar, el salario mínimo, como reclaman los trabajadores, no debe ser inferior a B/ 500.00., ¿Por qué no podríamos establecer el salario de los trabajadores, según las utilidades y las ganancias que obtienen las grandes empresas e industrias del país? Seguramente que actuar así reduciría el enorme margen de acumulación empresarial, pero al mismo tiempo, permitiría una mayor distribución de las riquezas, a través de un salario justo.

El problema clave está en la ética social, que sólo se asegura, mediante la JUSTA REMUNERACIÓN del trabajo. En el contexto de la sociedad actual, el salario justo es la única manera de concretar y cumplir la justicia en la relación trabajador - empresario. La justa remuneración o el salario justo tiene que contemplar un salario familiar “que sea suficiente para fundar y mantener dignamente una familia, y asegurar su futuro”. (Sobre el Trabajo Humano, Juan Pablo II). Sacar la mayor ganancia con la mínima inversión es la fórmula injusta que está en la base de la relación trabajador - empresario. Esto es lo que conduce al desconociendo de la dignidad de las personas y a la explotación. Constituye una tremenda injusticia, cuando a los trabajadores se les paga con salarios de hambre. En la línea de San Basilio, afirmamos nosotros: al hombre y a la mujer del trabajo pertenecen la utilidad y el salario justo, que el empresario no paga, y acumula en sus cuentas bancarias.

Erradicar la extrema riqueza.

¿Cómo hacer entonces para solucionar, el evidente empobrecimiento creciente que sufren el hombre y la mujer del trabajo en Panamá, empobrecimiento causado por los salarios de hambre, insuficiente para satisfacer las necesidades de la canasta básica de la familia panameña; salarios de hambre, insuficiente para que el trabajador y su familia puedan pagar los gastos de alimentación, vivienda, vestido, salud, transporte y educación? ¿Con qué derecho y con qué moral se pueden mantener los salarios hambre, que hoy reciben la mayoría de los trabajadores, mientras un sector reducido de la población se da el tupé de acaparar, haciéndose como propias, las riquezas que han salido del sudor de la clase trabajadora?

Pensamos, que no se trata de realizar un pacto contra la extrema pobreza, como ahora proponen algunos sectores. La pobreza y la miseria no son causas, si no efectos. El empobrecimiento creciente; la abismal brecha entre ricos y pobres, tantas veces denunciada por la Iglesia, es causa del enriquecimiento ilícito y desmedido. Es la extrema riqueza acaparada y concentrada en pocas manos lo que hay que combatir, ésta es una de las causa del empobrecimiento. El pecado social está en los ricos que siguen acumulando casa sobre casa y tierra sobre tierra, y no en los empobrecidos carentes de empleos, tierras, casas, y salario justo. ¿Qué sentido tienen pensar que la pobreza puede combatirse aumentando la riqueza, mientras no construyamos nuevas y renovadas estructuras que faciliten la justa distribución, y que acabe con la anticristiana acumulación?

Como se ha repetido hasta el cansancio, Panamá ocupa el segundo lugar en América Latina con la peor distribución de las riquezas, esta realidad destaca el enorme egoísmo y la falta de solidaridad que corroen la sociedad panameña. El sistema de economía capitalista dependiente y neoliberal que se practica en Panamá, tiene como objetivo primero, la obtención de la máxima ganancia, la acumulación y concentración de las riquezas, sin importarle la suerte de los trabajadores y las mayorías nacionales.

Hechos a la imagen de Dios.

“La Iglesia considera deber suyo recordar siempre la dignidad y los derechos de los hombres (y mujeres) del trabajo, denunciar las situaciones en las que se violan dichos derechos y contribuir a orientar estos cambios para que se realice un auténtico progreso del hombre (la mujer) y de la sociedad.”. (Juan Pablo II, #1 Sobre el Trabajo Humano). En la sociedad panameña, urge un pacto de lucha profunda, hasta la raíz, contra la mala distribución de las riquezas, la corrupción y la impunidad que actúan como hermanas gemelas están en la base del empobrecimiento de la población. Urge que los cristianos; que todos los hombres y mujeres de buena voluntad, dediquemos mayores esfuerzos en la construcción de una sociedad alternativa, en donde nos acerquemos a los valores del reino que nos propone el Dios de Jesús. Valores que son de hermandad, justicia, paz, solidaridad, equidad, soberanía y pleno respeto a los derechos humanos y la ecología. Aquí están los componentes o ejes principales de un auténtico y participativo plan nacional de desarrollo.

Principales actividades del equipo, durante el mes de abril.

Articulaciones y acompañamientos: Durante el mes de abril participamos en varias reuniones con dirigentes campesinos de las comunidades que serán afectadas por la construcción de la nueva sub cuenca occidental del Canal que impulsa la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). También nos reunimos con otras instituciones y organizaciones sociales que acompañan la justa lucha de los campesinos y se oponen al desastre ecológico que supone represar varios ríos, para crear una cuenca artificial y dotar de agua dulce a la flota mercante internacional que usa el Canal de Panamá.

Actividades de educación: El día 2 estuvimos en Changuinola, Bocas del Toro, con los agentes de pastoral y catequistas, cerca de 80 personas, con ellos tratamos el tema de la Deuda Externa, Jubileo y Compromiso Social desde la fe. El viernes 7 estuvimos en Colón con dirigentes de la Federación Nacional de Servidores Públicos (FENASEP), con ellos analizamos el tema de la deuda el fondo fiduciario y la privatización del 49 por ciento de las acciones que el Estado mantiene en CW. El 7 y 8 estuvimos en Volcán, Chiriquí, en donde coordinamos un retiro espiritual sobre la Cuaresma con los dirigentes de pastoral del área del Bugaba, participaron 40 personas. El día jueves 13, con unos 20 estudiantes de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Panamá, tratamos el tema de la deuda, explicamos nuestra posición resumida en el documento de Cuaresma “LA VIDA ANTES QUE LA DEUDA”.

El día 15, en Penonomé, estuvimos con los Defensores Populares, hicimos la evaluación para la continuidad del programa, participaron 6 personas. El 19 estuvimos en la parroquia de Cerro Viento, dimos una charla sobre la posición de la Iglesia frente a la deuda externa, participaron 31 personas. En Veraguas los días 27 y 28 hicimos la planificación de inicio del nuevo grupo de Defensores Populares, participaron 9 personas. El 28 también dimos una charla sobre la Iglesia y los Derechos Humanos en el taller de Capacitación en Derechos de la niñez y la adolescencia organizado por UNICEF. El 28 y 29 de abril, en las oficinas del Vicariato del Darién en Panamá, estuvimos en un taller sobre Migración y Refugio. En el taller participaron cuatro representantes del ACNUR, uno de cada una de las ocho zonas misioneras del Vicariato y una persona de la comisión de Justicia y Paz. E l 29 en Colón estuvimos con la Federación Panameña de Religiosas, FEPAR, tratamos el tema de Realidad Nacional, participaron 14 religiosas.

Publicaciones: Elaboramos y enviamos LaCarta 60, el Construyendo 29. Diagramamos y enviamos a imprenta la memoria del VI Encuentro Nacional de Pastoral Indígena: El Espíritu de Dios, sentido y vida de nuestros pueblos y sus culturas.

Otras actividades: El sábado 8, en las oficinas de Napguana, participamos en una reunión sobre la problemática de los hermanos indígenas O´wa. Continuamos con la preparación de archivos de las publicaciones editadas por nuestra institución para ponerlas en una página WEB. Como cada mes, en el equipo realizamos nuestra jornada de formación interna, este mes estudiamos el tema: Escuchar lo que dicen los pobres a la Iglesia.

Nos despedimos recordando las respuestas de los apóstoles ante el interrogatorio del Sanedrín, jefe de los sacerdotes: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó en Jesús, a quién ustedes dieron muerte colgándolo de un madero”. Hechos 5,29-30.

Equipo de la oficina nacional de Pastoral Social-Cáritas Panamá



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Agosto 2006