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LaCarta
67

 

Panamá, 3 de Noviembre de 2000. (97 aniversario de la segunda Independencia).

“Lanzamos una voz de alerta frente al peligro
que significa el enriquecimiento de unos cuantos
a costa de la irracional explotación de los recursos naturales.”.

Carta pastoral colectiva del episcopado del istmo centroamericano,
“Construyamos la paz en Cristo”, 1 de diciembre de 1989, No 3.1.2 b.
Cita hecha por Raúl Corriveau, Obispo de Choluteca, Honduras en
“Creación, crisis ecológica y opción por la vida”, Carta pastoral.

Queridas hermanas y hermanos: En el mes de la Patria, no dejan de asombrarnos algunos espectáculos de claro corte y vocación militarista, que con afán se continúan cultivando en el estudiantado panameño. A la Patria se la honra todos los días, con la vida, con el trabajo honrado, con los valores.¿Quién ha dicho que la patria se tiene que honrar con pasos de ganso y marchas militares? ¿De dónde sacaron que para honrar a la Patria hay que disfrazarse de batutera y moverse en ritmo cursi, casi aparentando ser domadora de circo?.

A propósito de la segunda Independencia, que ahora conmemoramos.

La historia oficial avanza a trompicones y con anteojeras, para observar, sólo la parte que, según los de arriba, es la buena, porque dibuja un panorama de eterno dominio y sumisión, que les permite vivir del trabajo y el sudor ajeno. Bien atentos debemos estar a la hora en que rememoramos a los próceres y paradigmas de la Patria, no todos lo son, también los hay, enemigos y traidores a la Patria. Lo decimos porque la Patria es el hombre y la mujer que defienden la vida y la libertad. Urraká, Felipillo, Bayano, Justo Arosemena, Victoriano Lorenzo, Rufina Alfaro, Ascanio Arosemena y Héctor Gallego, son sólo algunos de los ejemplos del Panamá profundo, del Panamá que cuestiona permanentemente la superficialidad y la ceguera de la oligarquía nacional. También de José Martí, esto decimos de los auténticos paradigmas de la Patria: “En brazos de la patria agradecida, la muerte acaba, la prisión se rompe; empieza, al fin, con el morir, la vida.”.

Cumbre por todo lo alto, y en Cadillac.

Miren lo que son las cosas que pasan en nuestro país. Sin ningún trámite legal establecido, el Consejo de Gabinete decidió la compra de 17 autos Cadillac para transportar a los jefes de Estado que vendrán a Panamá para participar en la X Cumbre Iberoamericana que se realizará el 17 y 18 de noviembre. Hasta el día de hoy se desconoce, cuánto exactamente nos costarán los 17 Cadillacs a los panameños, porque es de los impuestos que pagamos, producto de nuestro sudor de trabajadores, de donde sacaran el dinero para esta injustificable e inútil compra.

El señor contralor salió al paso y dijo que “por la falta de tiempo evidentemente hubo que hacer una contratación directa para la compra de los autos...” (Panamá América, 3 de noviembre de 2000, pág. C-1). ¿Por falta de tiempo? ¿Desde cuándo se decidió realizar la cumbre en nuestro país? Desde hace un año. ¿Dónde estaban las autoridades que no se dieron cuenta de que la cumbre se realizaría en Panamá? ¿“Por falta de tiempo”? Lo grave es, que las autoridades aún no se hayan dado cuenta de que ya se pasó el tiempo de hacer justicia social a los miles de hombres y mujeres, que en Panamá, viven bajo niveles de pobreza.

Más de un millón suman los panameños que sufren los estragos del empobrecimiento, sin embargo, con la mayor candidez, se utiliza más de medio millón de dólares en la compra de 17 Cadillacs que, según han dicho, una vez pase la cumbre, serán asignados a los ministros. Cuántas veces habrá que recordar que “ministro” significa “servidor”, que, por los hechos, resultan tan caros y tan poco servidores del pueblo como los legisladores.

La ampliación de la cuenca.

En el Panamá de hoy, país sede de la X Cumbre Iberoamericana de jefes de Estado y gobierno, la agresión violenta a los nacionales y a la tierra, se hace en nombre del dios del progreso y de las leyes del mercado: lucro, ganancia y acumulación. Esta ha sido la base de los argumentos esgrimidos por la Autoridad del Canal de Panamá (acp), para tratar de justificar el proyecto faraónico de la ampliación de la cuenca hidrográfica del Canal. Como antes, continúan los signos de muerte sobre los ciudadanos del istmo.

La Ley 44, que establece los límites de la nueva cuenca occidental del canal de Panamá, fue elaborada con el propósito preconcebido de adelantar la construcción de un tercer juego de esclusas que, a su vez, sólo es posible, realizando el embalse de tres ríos: Indio, Caño Sucio y Coclé del Norte. Los límites de la cuenca comprenden 213 mil 112 hectáreas en las que, desde mucho tiempo atrás, viven cientos de comunidades campesinas. En un principio, miembros de la acp dijeron que las personas que se afectarían no serían más de 8 mil 500, después, la misma acp, ha dicho que son unas 35 mil personas. Sin embargo uno de los grupos que se ha organizado para rechazar la inundación de sus tierras: la “Gran Asamblea Campesina contra la Inundación”, ha señalado que serán afectadas más de cien mil personas.

Agua, recurso no renovable.

El monstruoso proyecto de la cuenca occidental del canal, se pretende hacer en los precisos momentos en que el mundo está conmocionado por los daños causados al planeta por una industrialización y un progreso marcados por el consumismo absurdo y desmedido. La propia Organización de las Naciones Unidas nos está alertando sobre la previsible escasez de agua que tendremos en el planeta en el año 2010.

Sumado al enorme y complicado drama social que implicaría la construcción de la cuenca artificial, está el enorme e irreversible daño ecológico, que se hace evidente, cuando se pretende represar tres importantes ríos de la geografía panameña para la creación de los embalses. El Canal funciona como una especie de escalera acuática que devora las aguas del lago Gatún -lago artificial creado para el funcionamiento del canal-, desde su funcionamiento en 1914, con el paso de cada barco, el agua dulce es vertida a los océanos Atlántico y Pacífico. Cada esclusaje representa 55 millones de galones de agua dulce que nuestro país tira al mar. En su capacidad máxima, el Canal demanda unos 2 mil 420 millones de galones de agua dulce cada día, equivalentes a 44 esclusajes en un solo día.

¡Lo primero es la Patria!: antes que cualquier otra cosa, está Panamá entero.

La oficina nacional de Pastoral Social-Cáritas de Panamá quiere dejar claro que Panamá entero está antes y prioritariamente que el canal o su cuenca hidrográfica. Antes que el canal está la vida, la vida concreta de los miles de panameños y panameñas que siempre han vivido y laborado honradamente en la región, que ahora, la Autoridad del Canal de Panamá, quiere inundar. La acp actúa siempre y solamente con la más pura lógica del mercado: lucro, ganancia y acumulación, ésa es la medida que usa el sistema para los seres humanos y la naturaleza toda. Así, lo que debería ser primero, es desplazado al último lugar.

Por encima y contra el ser humano y la madre Tierra que nos cobija en Panamá, los señores del poder colocan la ampliación de la cuenca. Pasa como siempre, un grupo minoritario, pero amparado en la fuerza y el poder que le da el dinero que poseen, insiste en colocar como primero las demandas del canal, ansioso por satisfacer las leyes del mercado, en el injusto comercio internacional.

Como se desprende del amor de Dios, los campesinos honrados y productores de la alimentación, debieran ser los primeros panameños que recibieran efectivamente beneficios de ese canal, supuestamente devuelto al “pueblo” de Panamá. Una vez más, la globalización y el sistema liberal demuestran sus verdaderas intenciones: hacer más ricos a los ya ricos a costa de hacer más pobres a los ya empobrecidos.

Monseñor Carlos María Ariz, cmf, obispo de Colón-Kuna Yala y presidente de Pastoral Social-Cáritas de Panamá, decía con toda razón (ver La Estrella de Panamá del 19 de julio de este año): “Hay una ley que otorga a la autoridad del canal de Panamá unos terrenos para modernización del canal, pero no hay ninguna ley, ni ningún documento que garantice a los campesinos la recompensa que ellos merecen por perder sus tierras y esto ha creado una desolación entre esta población que ya no se fía de nadie”. El tiempo no ha hecho otra cosa que justificar esta desconfianza de los campesinos y esta argumentación del señor obispo. La alternativa es clara: o Panamá panameñiza totalmente este canal y este territorio, o el canal va a acabar canalizando enteramente al pueblo y territorio de Panamá, convirtiendo irracionalmente el medio en fin y el fin en medio; ¿no vamos a hacer nada para impedir esta enorme injusticia?

Cuando analizamos a fondo la superficialidad con la que la Autoridad del Canal de Panamá trata el tema de la ampliación de la Cuenca, aparece ante nosotros la dura evidencia de que vivimos como en dos “Panamás”, el Panamá que les duele a unos y el Panamá que a nadie le importa.

Los campesinos de la “Gran Asamblea” se resisten a desaparecer, y para existir, no les queda otra solución que luchar. Su lucha es por vivir en un Panamá en el que los campesinos tengan un lugar; en donde la dignidad de los seres humanos y de la tierra que habitan, esté por encima del afán de lucro y ganancia que tratan de imponer las leyes del actual sistema de globalización neoliberal.

La vista gorda en el caso de los moradores de Mocambo.

No admiten algunos, ni pueden permitir, que gente humilde esté viviendo en tierras altamente codiciadas porque su valor se ha disparado. Lo de siempre, a los grandes negociadores que han vivido y aumentado sus riquezas, acaparando tierra sobre tierra, sólo les importa el negocio, y el dinero que éste les reporta. La actuación negligente de parte de las autoridades en el caso de Mocambo ha sido evidente. No ha existido la voluntad para solucionar el problema que ha ido rebotando de institución en institución y de tribunal en tribunal. Los reventados son los mismos de siempre, que ven sus viviendas derribadas y sus familias amenazadas, perseguidas y encarceladas.

Eso sí, por solicitud de familias de gran poder económico, la autoridad actúa, presta y rápida, a la hora de realizar lanzamientos de empobrecidos. En el caso de Mocambo ¿cómo se pueden realizar lanzamientos cuando existen amparos pendientes de resolución? Sabemos la respuesta: ¡a la brava y a la fuerza!, sin ninguna legalidad. Hasta para los medios de comunicación, fue evidente la actuación desastrosa del corregidor de Amelia Denis de Ycaza que actuó, ensoberbecido, rociando gasolina sobre los colchones y paredes de madera de las casas derribadas. Los moradores tienen un video del incendiario y, mediante abogados, están interponiendo una demanda criminal.

Mocambo, no es sólo un problema legal de litigios de tierras, en las que sus moradores han vivido y trabajado, se trata también, y sobre todo, de un caso de violaciones a los derechos humanos que empieza a empantanarse. ¿Por qué no han hecho el deslinde, que los mismos moradores, legalmente, están solicitando? Personas conocedoras de planos y escrituras, han confirmado que existe una gran confusión, que a nadie, de las autoridades, pareciera interesar que se aclare. ¿Qué se puede pensar de los planos y las escrituras, cuando recientemente, desde adentro del propio Registro Público, se denunció la corrupción interna implicada en la falsificación de escrituras sellos y demás?

Mocambo y Cuenca.

Mocambo abajo, simboliza el conjunto de arbitrariedades que se vienen sucediendo en el país. Los moradores de Mocambo sufren el vaivén del rejuego legal, como dice el dicho popular: “hecha la ley, hecha la trampa”. Ésta, también es la historia de los más de cien mil campesinos, que desde antaño viven en las tierras, dentro de las cuales las autoridades del canal pretenden construir la cuenca occidental, embalsando las aguas de tres importantes ríos. Terminamos con éstas palabras de Raúl Corriveau, obispo de Choluteca, Honduras, tomadas de la carta pastoral citada arriba: “Que la unión íntima de fe y vida, preconizada por la Iglesia, abarque también toda nuestra relación con el medio ambiente.” “Proponemos un desarrollo sostenible que no comprometa las posibilidades de crecimiento de las generaciones venideras.”.

Equipo de la oficina nacional de Pastoral Social-Cáritas Panamá



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Agosto 2006