Panamá, 17 de abril de 2001
Desde la Palabra de Dios no podemos ocultar ni encubrir la realidad,
no podemos tergiversar la historia ni debemos silenciar la verdad. .
(Monseñor Juan Gerardi con ocasión de la presentación del informe REMHI
en la Catedral Metropolitana de Guatemala, 24 de abril de 1998).
Queridas hermanas y hermanos: 210 millones de latinoamericanos viven por debajo de los índices de pobreza. De ellos, 98 millones son indigentes. América latina debe más de 700 mil millones de dólares. En los primeros nueve años del último decenio pagamos por servicio de la deuda externa 850 mil millones de dólares, sin que la deuda dejara de crecer un solo año. Si esto no es el pecado mayor, la muerte, entonces ¿qué lo es?
Ministros, legisladores o señorías.
El Martes Financiero, suplemento del diario La Prensa (10 de abril 2001) en la página 4, bajo el título de Los privilegiados de la clase trabajadora panameña, divulga el nivel salarial de varios funcionarios del gobierno central. Aunque el tema es conocido, no deja de asombrar y provocar indignación. La injusticia, evidente, ha sido interesadamente legalizada y rebosada por sus propios beneficiarios. El descaro hecho ley. La disparidad salarial se logra mantener por lo que en buen panameño se llama, salpicadera, como siempre, de arriba abajo, así es como se salpica, hasta conformar un colchón humano que funciona como resorte de aprobación y silencio. En el No. 103 de la Carta Pastoral, la Justicia Social en Panamá (JSP #16), los obispos señalan: Las crecientes críticas a los diferentes Órganos del Estado encuentran su fundamento en los excesivos privilegios que se han venido dando a sí mismos. Los desproporcionados salarios, dietas, comisiones y otras ventajas, son una afrenta a la situación de empobrecimiento que existe en el país....
Se confirma, también en Panamá, que el poder corrompe, y que el poder absoluto, corrompe absolutamente. A decir verdad, no existe forma, ni manera alguna de justificar los altísimos salarios que devengan demasiados funcionarios en el país. En realidad, llamar privilegiados a estos señorones y señoronas, es como hacerles un honor.
¿Será que no se dan cuenta de que los altísimos salarios están totalmente fuera de lugar, fuera de orden, que no tienen asidero en un país en donde la mayoría se profesa de la fe cristiana y practicante de la religión católica? ¿Nos hemos olvidado de que no se puede servir a Dios y al dinero, que nuestro lugar en el Reino está definido por la capacidad de servir? Vean lo que dice sobre el tema de la acumulación, Monseñor Romero: el que no quiere soltar los anillos se expone a que le corten la mano. (6, enero, 1980/VIII 134). Por verdades como éstas es que los poderosos no soportaban a Romero, pero él después de 21 años de su Pascua, sigue presente en muchos pueblos del mundo.
Los dos Panamá.
La realidad de la diferencia salarial que se da en el país nos revela a un pequeño grupito de señorías que se pavonean en el Panamá privilegiado. Se trata de personas que sustraen de los fondos públicos salarios mensuales que van desde los 6 mil, hasta los 18 mil dólares o balboas mensuales. ¿Se lo pueden imaginar? Una persona, que durante cada mes, recibe de los fondos públicos, 18 mil Balboas. Hagamos cuenta, en un año, de los fondos públicos, metemos en el bolsillo o en la cuenta bancaria de estas personas unos 216 mil balboas, más de un millón de dólares durante cinco años, unos B/.550.00 diariamente. ¡Negocio redondo! Otro, es el Panamá de las mayorías nacionales, el Panamá profundo, el que se debate en la miseria, el hambre, el desempleo, la exclusión y los bajos salarios. El Panamá de la gran mayoría, la que trabaja de sol a sol, la que vive la angustia de la inseguridad ciudadana y de la crisis económica. El Panamá que no tiene acceso a los alimentos y vestidos acumulados para y por los privilegiados por los supersalarios. Dispuestos a arruinar el planeta con tal de no dejar de ganar y acumular.
Una revisión seria de los caminos que nos están imponiendo, en nombre del desarrollo, nos lleva a afirmar que hay mucha gente dispuesta a arruinar el planeta con tal de no dejar de ganar y acumular. ¿Cuándo será el día en que seamos capaces de plantear proyectos que no signifiquen un atentado contra la vida y el equilibrio ecológico? Los proyectos de hidroeléctricas, el proyecto de ampliación de la cuenca, los de extracción de arena, las construcciones que se alzan como murallas impenetrables entre la gente y el acceso al mar en la bahía de Panamá, los corredores y, a la vuelta de nuestras fronteras, el Plan Colombia tienen un denominador común. Vida humana y naturaleza son condenadas a ser destruidas, destinadas a desaparecer con tal de servir a los planes del mercado. Éste profundiza y amplia su reinado gracias a la ideología neoliberal que lo propone como la panacea frente a todos nuestros males económicos.
No es asunto de limosna, sino de justicia ( Lucas 11, 41-42).
Las soluciones que hoy se plantean como posibilidades de reactivar la economía del país caminan al margen de las causas que provocan que esa economía no esté funcionando para servir a la construcción de las condiciones para que, quienes habitamos el territorio, lo podamos hacer en proporción a nuestra dignidad. ¿Cómo es posible que los sectores que acumulan la ganancia por el trabajo humano no encuentren soluciones que vayan directamente a abordar las causas de que haya tanto empobrecimiento en el país? No se puede seguir repitiendo como teoría la deficiencia distributiva de la estructura económica del país y seguir proponiendo soluciones fuera de este ámbito y que además, se constituyen en nuevas cargas para el pueblo empobrecido. Cuando la empresa privada pide al Estado panameño que destine fondos para los planes de reactivación que ellos proponen, no está haciendo otra cosa que pidiéndole al pueblo que sus tributos resuelvan un problema que tiene su causa en la abundancia de sus cuentas y patrimonios acumulados pasivamente en los bancos o en el exterior del país.
La Pascua de Resurrección.
En sí misma, la Pascua de Resurrección contiene el significado y mensaje más importante para los creyentes de la fe cristiana, se trata del paso de la muerte a la vida. Del triunfo de la vida sobre la muerte. Dios se hace humano, en su vida, su muerte y su resurrección. Nos llama la atención sobre el pecado mayor, la muerte que prevalece en tantos ámbitos de nuestras relaciones, y nos alerta también, sobre la vida que podemos alcanzar. En el plan que Dios nos revela y propone en Jesús, como opción que los seres humanos libres podemos seguir o rechazar, está el llamado a cada uno y cada una, y sobre todo, está el llamado colectivo, de nuestro padre-madre Dios, mostrándonos que todos somos hermanos y hermanas, que ninguno de nosotros puede desentenderse del prójimo, sin desentenderse al mismo tiempo de Dios.
Cristo-Jesús Resucitado, se nos presenta como el más radical de todos los profetas, el más absoluto y comprometido defensor de la vida sobre la muerte, de todo lo que en la vida es vida contra todo lo que en la vida es muerte. Jesús también encarna la mayor capacidad de misericordia. En Cristo-Jesús, el dolor de la muerte se alivia de la manera más radical posible, como esperanza y recreación de la vida en el mismo seno de la muerte. Con la resurrección, todo lo que es muerte es radicalmente vencido, aparece, para permanecer, la Vida. Ese es el mensaje de la Pascua en la que creemos los cristianos.
Una campesina salvadoreña dice que a Monseñor Romero le dispararon en el corazón, porque allí se metió Monseñor Romero a su pueblo. La misma mujer afirma que a Monseñor Gerardi le machacaron el cerebro porque él dedicó su vida y su muerte a la recuperación de la memoria del pueblo de Guatemala.
Mucho se ha tratado de mediatizar y trivializar lo sustancial que nos revela el Evangelio, con la intención de colocar el mensaje, siempre radical, de Jesús, a nivel, siempre inferior, de nuestro compromiso personal o social. Lo difícil seguirá siendo integrar en la vida personal y social el mensaje y la propuesta de Jesús, hacerlo supone un enfoque radicalmente diferente y distinto de pensar y vivir la vida toda. ¿Qué es para nosotros lo primero, lo más importante en nuestra vida? Si lo primero y lo más importante fueran las relaciones humanas y la armonía con la naturaleza, nuestro Panamá y nuestro mundo no andarían como andan. Los desafíos planteados por Cristo-Jesús, para creyentes y no creyentes, continúan siendo los desafíos más radicales que pueden plantearse los seres humanos, la sociedad y el mundo.
Preguntémonos: ¿Cómo anda la Pascua de Resurrección en nuestro País, en la gente marginada, empobrecida y excluida? ¿Cómo anda la Pascua en la gente preferida de Jesús, los más débiles, los enfermos, las viudas y los huérfanos, entre las madres solteras y los hijos e hijas abandonadas? ¿Cómo anda la Pascua de Resurrección entre los campesinos que viven en las montañas de Coclé, Colón y Capira, amenazados con expropiarles e inundarles sus tierras por la Autoridad del Canal de Panamá? ¿Cómo anda la Pascua de Jesús entre los desempleados y entre los trabajadores panameños que reciben un salario de hambre? Recordemos que la resurrección de Jesús significa, también, que Dios mismo se ha comprometido a sacar adelante, resucitándolos, tanto al justo como a su causa.
La muerte se pasea campante por el Continente.
En los tres primeros meses del 2001 la morgue de Bogotá, en Colombia, ya había recibido 820 cuerpos sin identificar. Son los muertos sin nombre, sin dueño, los muertos de nadie. Las estadísticas de la Oficina de Identificación consignan que en los tres meses corridos del 2001 han llegado mil 386 muertos, 820 de ellos sin identidad.
Un balance de la muerte y resurrección del pueblo de Dios en el Continente, inclina la balanza hacia la muerte, la resurrección y la vida, siguen en lista de espera. Sólo en Centroamérica fueron al menos 609 muertos durante los días de la Semana Santa.
A las cifras de muertes en semana Santa hay que añadir las que causa, diaria y rutinariamente, el sistema llamado ahora de economía neoliberal: 3 mil millones de personas, la mitad de la humanidad, viven con menos de 2 dólares por día. La quinta parte más rica de la población dispone del 80 por ciento de los recursos, mientras la quinta parte más empobrecida dispone de menos del 0.5 por ciento. Estamos completando en nuestro cuerpo lo que falta a la pasión de Cristo, dice San Pablo; estamos completando en nuestro cuerpo lo que falta a la resurrección de Cristo también.
Equipo de la oficina nacional de Pastoral Social-Cáritas