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LaCarta
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Panamá, 19 de junio de 2001

Busquen primero el Reino de Dios
y su justiciay todo lo demás vendrá por añadidura.

Mateo 6, 33.

Queridas hermanas y hermanos: Mientras la justicia de Dios siga excluida de nuestras estructuras sociales, políticas y económicas; mientras alguien guarde para sí más de lo necesario,  mientras pretendamos justificar que se puede ser fiel a esa justicia conviviendo con las leyes del mercado, sabremos que hemos dedicado mucho tiempo, desvelo y esfuerzo a las añadiduras.

Cada mes, cuando reflexionamos sobre los hechos más significativos de la realidad, nuestras conciencias nos exigen decir con fuerza nuestra palabra. Mediante este mensaje que es fruto de la reflexión en nuestro equipo, compartimos nuestra constatación reiterada de que las cosas  que pasan en Panamá son parte de un plan de quienes acumulan a nivel nacional e internacional los bienes y recursos que fueron entregados por el Creador para la vida plena y abundante de toda la humanidad. La propuesta  neoliberal es el plan de maldad y muerte que les sostiene y les permite ponerse diversos disfraces, siempre de “personajes buenos”: reactivación económica, vencer la desaceleración,  garantizar la seguridad jurídica,  promover el desarrollo,  flexibilizar las reglas laborales. Diversos nombres que esconden un mismo fin: consolidar el proceso de acumulación, un camino claramente anticristiano y violentador de la justicia divina.

Aparece cada vez más clara la corrupción administrativa.

El gobierno habla de reducción de sus gastos, de falta de presupuesto para jubilados y se construyen edificios y se conceden terrenos para proyectos de personajes vinculados al gobierno. Una prueba más de que el tema de la justicia necesita una prioridad superior al tema de las leyes. La corrupción en Panamá, no sólo implica la realización de actos al margen de la ley, porque lo más probable es que las licitaciones para esos proyectos hayan cumplido todo el trámite, como bien se justificaban políticos ligados al gobierno, quienes salieron beneficiados en la transacción. La excusa de que, “en  todo el mundo se da este fenómeno” pertenece al terreno de la mediocridad, espacio que la ciudadanía decente se cuida de no pisar.

Predomina en el país y en los organismos internacionales un concepto limitado de los derechos humanos.

Durante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, prevaleció la preocupación por los derechos civiles y políticos. Temas como la libertad de expresión y otros, sin dejar de ser importantes, no tendrían por qué excluir la preocupación, por lo menos en igual intensidad,  de los derechos económicos, sociales y culturales. Un país empobrecido, como el nuestro, hace obligatorio que los espacios que se constituyen y militan en nombre de la promoción y defensa de los derechos humanos nos pongamos de acuerdo para rechazar las golosinas que el poder nacional e internacional nos orquesta para limitarnos en el concepto, en el enfoque, en la gestión y en la exigencia de respuestas desde su integralidad. La pobreza que mata de hambre, que silencia cuerpos y mentes, que impide el ejercicio de la democracia social, les valió un pepino. El derecho a alimentarnos, el derecho a ser iguales, el derecho a la tierra y al trabajo, al estudio y a la construcción de proyectos de vida libres y dignos no puede seguir excluido de la agenda de los organismos internacionales con la prioridad y sustancialidad que los seres humanos nos merecemos.

El agua y la potabilizadora de Chilibre.

En los medios de comunicación social hablaron del peligro de que el agua no sea tan potable y el Vicepresidente lo negó.¿Quién es el que sabe de eso? ¿El vice presidente o el director de la potabilizadora, quien habló de los filtros?  ¿No estarán tratando de visibilizar las fallas del sistema para justificar la privatización? Pero,  ¿quién habló de privatización? Igual que en ocasiones anteriores, los tomadores de decisiones niegan que por ahí va la cosa, sin embargo han encontrado un nuevo término: otorgar en concesión administrativa al sector privado la producción de agua potable. Somos conscientes de que la figura de las concesiones no son sino una forma de privatizar.

Estamos más pobres que nunca.

Cuando vemos las industrias y almacenes que cierran nos hacemos la pregunta: ¿Dónde está la gente que trabajaba allí? Probablemente contestaremos igual que Caín, declarándonos libres de responder por la suerte de nuestros hermanos. Lo que seguramente sí tendremos claro es que en sus vidas se vive la angustia de la carencia económica y repetirán con dolor y agobio:  estamos más pobres que nunca. Ya, incluso las firmas consultoras de las empresas, ofrecen el servicio de cómo reducir planilla.

Una prueba del deterioro del poder adquisitivo es que  cada vez son menos las personas que pueden optar por lo más cómodo en el uso del transporte público. La falta de recursos ha hecho que, por ejemplo,  en el caso de los buses con aire acondicionado la gente tenga que renunciar a esta alternativa por  “la angustia del bolsillo” y peregrinar por la ruta conocida de peligro, asfixia e incomodidad.

El costo de la canasta básica familiar, en el mes de mayo se fijó en 207.40 dólares en los supermercados de los distritos de Panamá, San Miguelito, La Chorrera y Arraiján. El año pasado el ministro de Trabajo dijo que el salario mínimo de 253.00 era un salario decoroso para una familia. Quiere decir, que la gran cantidad de familias donde sólo hay ese ingreso  deben decorosamente pagar la casa, comprar los materiales que diariamente piden en la escuela, los gastos médicos, la luz, el agua, y el transporte con los 45.60 restantes.

Somos presa y víctima del neoliberalismo y la especulación.

Todo se está planteando en términos del crecimiento, a sabiendas de que éste no garantiza la equidad mientras sea “el crecimiento que plantea el neoliberalismo”. O rompemos sus cadenas o se tratará de una ilusión más en la que nos han hecho creer como la solución pero que jamás responderá a las necesidades del pueblo de Panamá. Los sectores del poder político están ligados al mundo financiero que vive de la especulación, los sectores que dominan el poder económico, se las han arreglado para ser los dueños de la política partidista que cada cinco años promete arreglar el país.

Las riquezas que se generan y se acumulan en el país provienen mayormente de la especulación. Los bancos, las aseguradoras, a punta de intereses, multiplican sus inversiones sin trabajar mucho.¡Cuánto quisieran los agricultores, los industriales, y las personas emprendedoras de pequeños negocios una proporción semejante a su esfuerzo en la realización de sus actividades productivas! La lógica de la economía especulativa está predominando para beneficiar a los acumuladores y las transnacionales. En nombre de estos intereses y de la seguridad jurídica, los dueños de la terminal de Albrook, por ejemplo,  lograron imponerse, por encima de las necesidades de quienes vienen a trabajar diariamente a Panamá y ahora deben pagar bus o taxi para llegar a los   centros de trabajo donde antes llegaban a pie.   Este modelo necesita ser superado, pero las esperanzas se hacen más lejanas por muchas razones. Una importante es que, por más que los ex gobernantes, los ex ministros, los empresarios, los comerciantes, los expertos, los técnicos y los profesionales han intentado  resolver el problema nunca han podido arreglarlo.  Si el poder sigue en sus manos, la solución se hará más remota. ¿Cuándo hablarán y decidirán quienes nunca han hablado ni han decidido? ¿Cuándo empezaremos a creer que la sabiduría popular tiene las luces que hasta hoy han sido opacadas por los diplomas y las cuentas bancarias como si fueran portadores mágicos de idoneidad y capacidad para hacer posible un proyecto nacional generador de justicia y equidad? 

Reactivar la economía ¿para qué y,  sobre todo,  para quién?

Acaba de realizarse el foro “Alternativas para reactivar la economía panameña”, organizado por la Cámara de Comercio e Industrias de Panamá. El gobierno, muy lleno de motivos, anuncia su decisión de no permitir que el cumplimiento de la meta prometida al Fondo Monetario Internacional perturbe la paz social. ¿No debería ser una decisión para todas las promesas que han causado empobrecimiento? La profundización de la desaceleración de nuestra economía es el síntoma que les interesa a los empresarios y a la Cámara de Comercio. Pero si la economía no estuviera desacelerada y la gente estuviera desempleada y con hambre, ¿seríamos capaces de tanta decisión para incumplir la promesa? Una real preocupación por  el pueblo panameño nos exigiría responder que sí.

Las intenciones y los intereses detrás de estos foros suenan sospechosos cuando dan pie para que un ex ministro como Chapman, que implementó medidas crueles contra la ciudadanía de este país proponga una salida para los próximos seis meses, y, a mediano y largo plazo, el  impostergable inicio de un conjunto de reformas estructurales. Dios nos libre de estas reformas porque, planteadas desde la lógica neoliberal, seguramente producirían, como hasta ahora, hambre, desigualdad y exclusión.  El ministro actual y el ex ministro Chapman estuvieron de acuerdo en que es impostergable una política de impulso a las exportaciones y las inversiones extranjeras. Lo que no han dicho es ¿para qué proyecto de país? una discusión pendiente que, de no hacerse, permitirá planes de consolidación de la acumulación y por tanto de acrecentamiento de la brecha. 

Es digno y justo decir no a los proyectos que, "con nombre de desarrollo" atentan contra la integridad de la vida o la naturaleza en nuestro territorio.

No es propio de la dignidad humana conformarse con la mitigación. Pareciera que lo importante fuera poner a rodar la plata y ante sus efectos, mitigar. Los Estudios de Impacto Ambiental se han convertido en la patente de corso para destruir la naturaleza. En muchos casos, el estudio lo hace gente contratada por las empresas que necesitan cumplir el requisito. Obviamente se esmeran en limitar el cálculo de los daños, para que les salga barata la falacia de la mitigación. Una prueba de este manejo turbio es que puedan existir Estudios de Impacto Ambiental que aprueban la extracción de arena, como en el caso de Río Hato.

Quienes han sufrido el embate de estos proyectos, recientemente se manifestaron al concluir el Encuentro “Ecología y Desarrollo con ojos humanos”. Gente campesina, indígena y de la ciudad, dirigentes y representantes de organizaciones y comunidades de Chiriquí, Veraguas, Coclé, Colón y Panamá, concluyeron que la causa que motiva la realización de proyectos carentes de respeto por la humanidad es el modelo neoliberal del cual son incondicionales servidores y facilitadores de su consolidación los distintos gobiernos que han permitido y consentido el intervencionismo de las transnacionales.

El grupo es consciente de que “el modelo NEOLIBERAL ha hecho que se decidan en forma inconsulta proyectos y actividades que afectan, que dañan la vida de grupos humanos empobrecidos, como son los casos de los Proyectos hidroeléctricos del Tabasará 1 y 2 (Chiriquí y Veraguas) y el de Bocas de Quebro (Veraguas); los estudios Geotérmicos del Valle de Antón (Coclé); las condiciones de alto riesgo para la salud humana y la ecología a que están expuestos los habitantes de la comunidad de Lagartera Grande y los trabajadores por la actividad contaminante de ECOFOREST, S.A., (Chorrera, Panamá); las construcciones de los Corredores Norte y Sur (Panamá); por los “desarrollos” urbanísticos de exclusión social en Mocambo Abajo, en la carretera Transístmica, en Ciudad Radial; por la ganadería extensiva en todo el país; por la ampliación de la cuenca hidrográfica del Canal de Panamá, y otros muchos más.

Algunas personas han opinado con descaro que “lo ideal sería que los campesinos sintieran que el desarrollo de la cuenca y el Canal puede llevarles bienestar”. Si acaso ése fuera el ideal, ¿de dónde se agarrarían para mantener su esperanza en el bienestar prometido si todos los planes que se gestan en torno al canal tienen como centro el servicio al comercio marítimo internacional?.

El arbitraje: un entretenimiento.

Los polígonos de tiro que los estadounidenses ensuciaron, y que no quieren limpiar representan más de 3,500 hectáreas contaminadas. ¿Por qué pensar en el arbitraje si se trata de un conflicto entre un país grande y uno pequeño? Sólo será beneficioso un camino así para firmas de abogados que pudieran tomar este negocio en sus manos. Esta injusticia sólo puede abordarse desde un esfuerzo gestado desde la solidaridad y la presión internacional.

Tenemos la certeza de que el Creador nos dará las fuerzas para consolidar la unidad y para cimentar en la acción organizada la posibilidad de alcanzar frutos de creatividad, de amor y resistencia, con la suficiente capacidad para hacer predominar la justicia y el respeto por la integridad de la vida y la naturaleza.

Equipo de la oficina nacional de Pastoral Social-Cáritas Panamá



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Agosto 2006