Panamá, 22 de septiembre de 2001
Nunca el mundo fue tan desigual y pobre. Nunca hubo tanta humanidad privada de ser humana.
Hemos pasado de ser los pobres a los empobrecidos, a los excluidos, a los sobrantes..
Pedro Casaldáliga, Mundialización de la solidaridad y la esperanza.
Queridas hermanas y hermanos: Ustedes saben que no se trata de un saludo superficial y retórico, para nosotros, todos los seres humanos son nuestros hermanos y hermanas. La vida de cada ser humano, en Estados Unidos, en Panamá, en Afganistán o en cualquier rincón del mundo es vida humana que merece todo nuestro amor y más profundo respeto.
Han pasado 11 días desde que sucedieron los actos terroristas en los Estados Unidos, actos que decididamente condenamos. Toda nuestra solidaridad y nuestras oraciones para los familiares de las víctimas inocentes, nuestro corazón permanece abierto al dolor que embarga todo ser humano, y nuestro cerebro, atento para analizar y rechazar los ánimos bélicos y de agresión indiscriminada que, nuevamente en esta hora, promueve el gobierno de USA. Durante demasiado tiempo, el gobierno de los Estados Unidos se ha dedicado a sembrar vientos de odio, violencia y guerras en muchas partes del mundo, la tempestad, como siempre, la cosechan víctimas inocentes. En América Latina y El Caribe, muchos pueblos hemos sufrido en carne y tierra propia las agresiones de las políticas militares y económicas de la oligarquía interna impuesta o respaldada por el gobierno de los Estados Unidos.
Martirio y santidad
El martirio del pueblo y la Iglesia en América Latina está íntimamente ligado, por una parte, a la realización del sueño y la utopía de vivir en una sociedad justa y digna, soberana e independiente, sociedad de PAZ en donde el ser humano y la ecología sean el centro de nuestro trabajo y preocupaciones; pero por otra parte, el martirio también ha sido el resultado de la violenta y agresiva política, económica y militar de un sistema que vive la pesadilla del consumismo absurdo, el terror económico y político con su exclusión de millones y millones de seres humanos. Ni la humanidad, ni el planeta, nuestra casa común, pueden resistir por más tiempo esta absurda lógica de muerte y destrucción, sin que todos los seres humanos, en todas partes del mundo seamos participes, de alguna manera, del sufrimiento que causa la desesperanza, el desamor y la maligna violencia del actual sistema.
El martirio es el camino ineludible por el que transita la santidad de pueblos y personas. Monseñor Romero en El Salvador, Héctor Gallego en Panamá, Gerardi en Guatemala son sólo algunos ejemplos en el área centroamericana que encarnan en su martirio-santidad la vida de comunidades y pueblos enteros, de miles y miles de hombres, de mujeres, de niños y niñas víctimas del odio y la violencia.
Condenamos todos los actos terroristas Decidida y enérgicamente condenamos los actos terroristas perpetrados en los Estados Unidos, de la misma manera que condenamos y repudiamos todos los actos de terrorismo de grupos o Estados en cualquier parte del mundo. Condenamos y repudiamos también el odio y la promoción absurda y prepotente de venganza que promueve la guerra, contenida en la resolución conjunta aprobada por el Congreso norteamericano, que autoriza al presidente a usar toda la fuerza necesaria y apropiada contra aquellas naciones, organizaciones y personas que él determine que han planeado, autorizado, cometido o ayudado a los ataques terroristas perpetrados el 11 de Septiembre de 2001, o encubierto a tales organizaciones y personas, para encubrir cualesquiera actos futuros de terrorismo internacional contra los Estados Unidos por parte de tales naciones, organizaciones o personas. Esta no es una resolución fundamentada en la justicia, que justamente reclaman las víctimas, sino en la profundización de la guerra. Nada tiene que ver con la justicia infinita el despliegue militar que realiza los Estados Unidos en el Oriente Medio. Recordemos que el gobierno norteamericano también llamó causa justa a la invasión que realizó en Panamá el 20 de diciembre de 1989.
La violencia y el terror de la economía, la política y el militarismo Según estudios de la FAO, el 11 de Septiembre de 2001, el mismo día del atentado terrorista en el que murieron más de 5 mil personas en Estados Unidos, en varios países empobrecidos del planeta murieron de hambre 35 mil 615 niños y niñas, asesinados por la injusta e impagable deuda externa y la economía neoliberal de desempleo, miseria y exclusión. Los recientes actos terroristas en los Estados Unidos entran en la lógica de un mundo en donde la política y la economía que se promueve desde el G-8, día a día continúa asesinando por hambre a más de 35 mil niños en el mundo. Monseñor Romero dice para El Salvador lo que bien se puede decir para cualquier país del mundo: No se puede cosechar lo que no se siembra. ¿Cómo vamos a cosechar amor en nuestra República si sólo sembramos odio?. (Homilía 10 de julio de 1977.).
La acumulación de riquezas, el lucro y la ganancia están en la base del actual sistema que constituye una auténtica guerra de odio y desprecio a la vida. En Honduras, más del 40 por ciento de los niños menores de cinco años sufren algún grado de desnutrición. Las estadísticas dicen que hay un médico por cada 40 mil pobladores, pero se sabe que hay zonas en donde no hay ni un solo médico. El 80 por ciento de la población sobrevive sumido en el empobrecimiento. De acuerdo con su nombre, en Gracias a Dios, un departamento hondureño limítrofe con Nicaragua, sobreviven unas 60 mil personas que sólo cuentan con un centro de asistencia.
A diferencia de lo sucedido en New York, en Honduras, y en la mayoría de nuestros países, el terrorismo lo producen el cobro y pago de la deuda, acompañados de la imposición de políticas económicas neoliberales. Es cierto que sin tanta espectacularidad como la que se supone para que CNN, NBC y sus socios menores alcen la voz y repitan más de 150 veces, en un solo día, las imágenes de aviones comerciales clavándose como espadas en el centro del poderío económico norteamericano que rige el mundo, con la misma gravedad y terribles resultados, en menor cuantía, que la que causa la deuda externa y la política económica y militar del gobierno de los Estados Unidos en nuestros países, el resultado es el mismo: la muerte de miles y miles de víctimas inocentes.
Ni terrorismo, ni guerra: nosotros optamos por la PAZ
Indudablemente nos encontramos en una hora difícil para toda la humanidad. La espiral de la violencia, henchida de odio y venganza, se eleva arrastrando y concentrando los poderes militares tras del gobierno más poderoso de la tierra, que el Dios de la vida se apiade de la humanidad. Hoy, más que nunca, la única alternativa para poner fin a la barbarie y la violencia agresiva que se pasea por el mundo, está en la fortaleza que da la cordura y todo lo bueno y lo mejor que contiene la raza humana.
Ante el veneno que propaga todo tipo de violencia, individual o social, urge llenar nuestro corazón y nuestro cerebro de amor profundo por la vida y su armonía. Repetimos, toda nuestra solidaridad con el pueblo norteamericano y con los familiares de las víctimas inocentes, unidas a tantas otras víctimas, también inocentes, en muchos pueblos del mundo.
Clamamos por el amor de Dios, el único poder sobre el universo, en el que los seres humanos y la ecología tenemos la esperanza para la PAZ, la armonía, la solidaridad y la justicia. Que el abominable acto terrorista de esta hora, nos permita reflexionar sobre los signos de los tiempos y podamos comprender el mensaje que nos está mostrando el Dios de la vida y de la historia.
La política y la economía neoliberal que hoy se propaga y se impone a los pueblos del mundo personifica la violencia estructural que está causando la muerte de muchas personas. Ni siquiera el cruel acto terrorista cometido, ahora en los Estados Unidos, puede ser excusa para endurecer y brutalizar la violencia institucionalizada y el terrorismo de Estado que sólo cosechará más dolor y más sufrimiento en toda la humanidad.
Aliados sólo con Dios y su pueblo
En su discurso maniqueo, mediático, plagado de amenazas, el presidente George W Bush en su mensaje al Congreso de los Estados Unidos, transmitido al mundo, ha dicho: O están con nosotros o están con los terroristas.. Como si los pueblos del mundo no supiéramos lo que significa el con nosotros viniendo de la línea más dura y guerrerista del gobierno de los Estados Unidos. Nuestra alianza, solidaridad y unidad es sólo con el Dios del pueblo, compañero fiel en la construcción de un mundo justo, solidario y de PAZ. Ningún grupo, ningún gobierno del mundo, ni siquiera aquel que se considera el más poderoso sobre la Tierra, tiene derecho a utilizar la violencia y el terrorismo en el que hoy se pretende arrastrar a toda la humanidad. Dios-vida y armonía, es el único y auténtico poder, y se hizo pobre, humilde y solidario, ésa es nuestra única y mejor alianza.
Cada uno de nosotros está obligado a hacer algo para evitar la guerra. El ojo por ojo, o la masacre de mujeres y niños inocentes no va a revivir a las personas que han muerto en ese despiadado acto terrorista, lo único que se logrará es profundizar el odio. El camino que está tomando el Presidente y el Senado norteamericano, representan el mal ejemplo.
Terminamos LaCarta 76 con una cita del mensaje de Caritas Internationalis emitido el 18 de Septiembre de 2001 con la firma de H.E. Monseñor Fouad El-Hage y Duncan MacLaren, Presidente y Secretario General, respectivamente: Si queremos combatir a quienes patrocinan y realizan actos de terrorismo, hemos de hacerlo uniéndonos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad de todos los rincones del mundo, para erradicar del corazón humano los sentimientos de odio, violencia, egoísmo, desprecio de la vida humana, como causas profundas de la injusticia, la pobreza y la desigualdad, que alimentan el odio. ¡No hemos de rendirnos ante el odio! Hemos de aprovechar esta ocasión para renovar nuestro compromiso de trabajar por una sociedad que sea reflejo del Reino de Dios, donde prevalezcan la justicia, la paz , la verdad y la solidaridad!.
Equipo de la Oficina Nacional de Pastoral Social-CÁRITAS Panamá.