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Panamá, enero de 2002
"El que de entre ustedes quiera ser el primero,
que sea el servidor de todos los demás."
Marcos 10,44.
Queridas hermanas y hermanos: Con entusiasmo entramos al 2002, junto a ustedes; haremos lo posible para que sea, en verdad, un nuevo año, en donde prevalezca la formación de la persona, su libertad de conciencia, su independencia de pensamiento y, en definitiva, su capacidad de acción transformadora. Nuestro trabajo.
Ser conscientes del mundo y el Panamá en que nos ha tocado vivir, es uno de los primeros deberes que tenemos como personas libres y responsables. Como mujeres y hombres de fe, y especialmente como agentes de la pastoral social de la Iglesia que trabaja en Panamá, no podemos ser ajenos a la realidad de nuestro tiempo. Para no andar dando tumbos por la avenida de la incoherencia, libres y responsables, tenemos que conocer y dominar a fondo las claves políticas, económicas, sociales, culturales y religiosas para afrontar y descifrar lo que ocurre a nuestro alrededor. Ojalá nuestro trabajo sea un pequeño aporte en este sentido.
Nunca hemos pretendido, como tarea nuestra, pensar por los demás; sí pretendemos saber pensar por nosotros mismos, tener nuestros propios criterios, fruto de la reflexión y el debate abierto con otros, en la búsqueda de la verdad y la justicia social. No se trata, no intentamos, ni pretendemos dorar la píldora, sino entender la realidad desde una profunda vivencia cristiana y asumir nuestra condición humana afrontando, con fortaleza y esperanza, los riesgos y desafíos de nuestra época.
Para este 2002 pedimos al Dios de la vida, al Dios de la historia, al Dios Vivo, que ilumine nuestro trabajo y nos dé la sabiduría y la fortaleza necesarias para que nada humano nos sea indiferente ni ajeno, y menos el dolor y el sufrimiento de tantas personas empobrecidas que, en el mundo y en Panamá, son condenadas a la desesperanza por el hambre y la miseria, por el afán de poder de unos y el silencio cómplice de otros. Nos sentimos en la obligación moral de esforzarnos por entender la lógica y los resortes que mueven las relaciones económicas, políticas, sociales, culturales y religiosas. Nada de comernos las cáscaras, ni los envoltorios que ocultan la lógica de oportunismo, corrupción y muerte que envuelve y cocina el sistema.
Por la plata baila el mono.
Aunque el dicho popular dice que, por la plata baila el mono, con lo que el mundo ha podido observar en los últimos meses, queda comprobado, que el mono, no sólo baila por la plata, sino que por ello es capaz de gritar, llorar, insultar y hacer la guerra. En Panamá, el triste espectáculo puesto en escena por el control de los poderes del Estado, nos saca del sueño de la democracia participativa que aspiramos a vivir y nos vuelve a la realidad de la cotidiana democracia restringida que nos imponen.
Todo indica, que los distintos engranajes del poder tienen como eje, o centro de preocupación, los intereses de grupos, familias y personas. El bien común, los intereses de las mayorías nacionales (que los eligió) y el desarrollo del país no están en la lógica que mueve a los políticos. Lamentablemente, es el dinero y la ganancia fácil, principal lógica del sistema capitalista y su actual globalización neoliberal, la lógica que adopta la mayoría de los políticos profesionales. Quizá sea más preciso decir que es el sistema y su lógica, los que adoptan a estos políticos profesionales. Es más fácil sacar a un político del sistema que sacar al sistema de un político nacional.
Argentina y Panamá. Claro que son realidades muy distintas, como también es claro que existen elementos comunes entre ambos países. A pesar de la lavadera de manos de los banqueros, las corporaciones extranjeras, los políticos y el Fondo Monetario Internacional de la crisis que sufre Argentina, bien se sabe que la crisis es el resultado del modelo económico excluyente de muchas manos y concentrador de riquezas en pocas manos, sobre todo en un país (Argentina) que, según los expertos del Fondo Monetario era un modelo en seguir cada una de las pautas del sistema.
La crisis de Argentina habría sido menos crítica si hubiera existido un marco legal que permitiera que el insolvente gobierno argentino pudiera declarar una moratoria de los pagos de la deuda externa. En vez de esto, se ha crucificando a la Argentina en la cruz de la globalización, negando los derechos humanos de millones de argentinos comunes y corrientes.
La crisis de Argentina no es solamente una lección para las fuerzas políticas de Argentina, sino que también constituye una lección para quienes apoyaron y se confabularon con las fuerzas políticas de Argentina. Entre éstas figuran los más acaudalados en Argentina; pero también figuran el FMI, los bancos británicos, españoles y alemanes y las compañías multinacionales que se beneficiaron con las políticas del Sr. Cavallo.
Quienes ganaron con el modelo económico de Cavallo fueron los bancos británicos, españoles, estadounidenses y alemanes que se beneficiaron con las tasas exorbitantes de interés. Entre los ganadores también figuran compañías españolas tales como Telefónica y Repsol (un 60% de sus ingresos provienen de Argentina) quienes se beneficiaron excesivamente de la privatización del capital activo de Argentina. Sin embargo, durante los últimos diez años, argentinos pudientes, ayudados por bancos extranjeros como HSBC y Lloyds, han podido exportar $130 billones por vía de los mecanismos de fuga de capitales provistos por bancos tanto extranjeros como nacionales.
Los perdedores fueron los ciudadanos comunes y corrientes de Argentina, los nuevos empobrecidos. Antes de que estallara la crisis, cada día 1000 personas eran empujadas a la indigencia. Actualmente un 30% de la población vive en la pobreza y el 45%, que constituye el sector informal, está desempleado en estos momentos.
El FMI comparte la responsabilidad por estas transferencias masivas de riquezas, tanto dentro como fuera de Argentina. El FMI comparte la responsabilidad por las políticas económicas que han llevado a Argentina al abismo de la recesión y, efectivamente, a la quiebra. Por lo tanto, el FMI no está en posición de distanciarse de esta crisis, y ciertamente no se puede confiar en que él pueda jugar un papel desinteresado para resolver la crisis de Argentina.
Lo común entre Panamá y Argentina es el modelo de globalización neoliberal que la ha llevado al abismo. Y no se trata sólo de economía, es todo el sistema entero lo que hay que cambiar radicalmente. Ni Panamá, ni el mundo pueden continuar con la lógica de muerte de la globalización neoliberal. Se trata de construir un Panamá nuevo con nuevas y renovadas estructuras.
Equipo de la Oficina Nacional de Pastoral Social-CÁRITAS Panamá |