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LaCarta
82

 

Panamá, 28 de mayo de 2002

“Si el cristianismo cree en la fecundidad de la paz para llegar a la justicia,
cree también que la justicia
es una condición ineludible para la paz”.
Medellín 2,16

Queridas hermanas y hermanos: Con tristeza y consternación recibimos la noticia del asesinato de Monseñor Jorge Altafulla, párroco de la Iglesia de Guadalupe en el corregimiento de San Francisco de la ciudad de Panamá. El asesinato ha puesto en evidencia los altos niveles de violencia y de inseguridad ciudadana que asfixian al país, especialmente a los sectores más vulnerables y empobrecidos. Como seres humanos; y como mujeres y hombres de fe, manifestamos nuestro rechazo al asesinato de Jorge Altafulla, con la misma fuerza con que rechazamos la injusticia y el asesinato contra cualquier ser humano en cualquier parte del mundo.

Medios de incomunicación y dominación.

Ninguna razón, ninguna excusa para los medios de incomunicación que lucran con la multiplicación de la violencia que se produce y se reproduce. El tema ha sido minuciosamente documentado y denunciado por el escritor uruguayo Eduardo Galeano:

“Ofrecemos a la gente lo que la gente quiere, dicen los medios y así se absuelven; pero esa oferta que responde a la demanda, genera cada vez más demanda de la misma oferta: se hace costumbre, crea su propia necesidad, se convierte en adicción. En las calles hay tanta violencia como en la televisión, dicen los medios; pero la violencia de los medios, que expresa la violencia del mundo, también contribuye a multiplicarla.” [1]. ¿Qué podríamos hacer nosotros?. Una sencilla, necesaria y posible contribución a la paz: no comprar, no leer, no escuchar, no mirar ningún periódico, revista, programa de radio o televisión que se humilla y humilla la dignidad humana multiplicando la violencia, la pornografía y la mentira.

Al mismo tiempo que repudiamos todo tipo violencia y morbo sensacionalistas desplegados por los medios de incomunicación, exigimos a las autoridades que se continúe la investigación de este crimen, respetando y aplicando el debido proceso, ni más, ni menos, la Verdad. “Ustedes serán mis verdaderos discípulos si guardan siempre mi palabra; entonces conocerán la Verdad y la Verdad los hará libres.”. Juan 8, 31-32.

Las raíces de la violencia.

Día a día las cifras de asesinatos aumentan en Panamá. Sabemos que las causas de la violencia son profundas y muy variadas. Desde hace treinta y tres años, ya en las conclusiones de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizado en agosto-septiembre de 1968 en la ciudad de Medellín, Colombia, los obispos católicos habían dicho que: “La paz es, ante todo, obra de justicia. Supone y exige la instauración de un orden justo en el que los hombres (y mujeres) puedan realizarse como hombres (y mujeres), en donde su dignidad sea respetada, sus legítimas aspiraciones satisfechas, su acceso a la verdad reconocida, su libertad individual garantizada. Un orden en que los hombres no sean objetivos, sino agentes de su propia historia”. No. 14.

El ruido estridente de la violencia que hoy ensordece a los panameños es expresión del creciente y descontrolado egoísmo de las actuales estructuras sociales que desprecia al ser humano y a la naturaleza creada por Dios. Es cierto que el problema es complejo, pero no imposible de transformar. Urge la toma de conciencia, la organización y la participación de las mayorías nacionales; de los sectores empobrecidos para lograr la justicia y la paz que hacen posible el Reino de Dios, necesidad fundamental para la armonía en las relaciones sociales y con la naturaleza.

Globalización de la violencia.

La acumulación, el lucro, pura idolatría al capital, se han convertido en un auténtico demonio que acorrala al Dios vivo y encarnado en el pueblo explotado y excluido. Creemos en el triunfo de la vida sobre la muerte; creemos en la esperanza de la resurrección, confiamos en el Dios de la vida que acompaña al pueblo sufriente; creemos en el ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios; creemos en la presencia de Dios en la naturaleza; creemos que todo está relacionado, que nada ni nadie nos puede ser ajeno; creemos en la indispensable armonía del ser humano con la ecología. Todo daño y abuso que a la tierra le hagamos, a nosotros mismos lo hacemos.

En el número 16 de la carta pastoral la Justicia Social en Panamá (16 de Enero de 2000), los obispos panameños dicen: “Vivimos en un contexto internacional de globalización, con fuertes presiones a la apertura de mercado y al repliegue del Estado a funciones mínimas, y de privatización de empresas de servicios públicos. En lo interno, nos abocamos a una sociedad cada vez más desarticulada como producto de la inseguridad ciudadana, la violencia social y familiar, la degradación ambiental, el desempleo, el empobrecimiento y las profundas desigualdades sociales.”

Pedimos perdón por el desastre que algunos llaman “desarrollo”; pedimos perdón por la violencia que a todos nos inunda, mancha y ensordece. Invocamos al Dios de la vida, le suplicamos nos dé valor y valentía para mantenernos fieles a Él y a su Palabra; le pedimos nos permita echar nuestra suerte con los pobres de la tierra, entre los cuales vive Dios su amor preferencial.

ALCA, explotación, miseria y Argentina.

“Se habla de los logros de este sistema cuyo único milagro ha sido el de concentrar en una quinta parte de la población mundial más del ochenta por ciento de las riquezas, mientras el resto, la mayor parte del planeta, muere de hambre en la más sórdida de las miserias. Habría que plantearse qué se entiende por neoliberalismo, porque en rigor, nada tiene que ver con la libertad. Al contrario, gracias al enorme poder financiero, con los recursos de la propaganda y las tenazas económicas, los Estados poderosos se disputan el dominio de planeta.”[2]. Así lo ha denunciado el escritor argentino Ernesto Sabato.

Los gobiernos argentinos hicieron, al pie de la letra, todo lo que le impuso el Fondo Monetario Internacional, el resultado está a la vista, el sufrimiento no puede ser mayor, tampoco la responsabilidad de los organismos internacionales y de los agiotistas financieros que han saqueado el país con la complicidad interna de los gobiernos corruptos y mentirosos. Ariel Ogando denunció que “El país recibe prestamos de miles de millones de dólares que benefician a sectores concentrados de la economía y sirven para enriquecer a toda una camada de funcionarios corruptos cómplices del endeudamiento. Crece la brecha entre ricos y pobres, la desocupación trepa en un par de años del 6% aproximadamente, al 14%. Menem deja el país en la ruina, con una deuda externa superior a los 130.000 millones de dólares, un déficit fiscal de 12.000 millones de dólares, un pobreza que alcanza al 40% y una población con problemas del empleo superior al 30%.”.

Pese al descalabro argentino, acá, campean los tristes funcionarios que hacen y rehacen “lobby”, suplicando para que establezcan en Panamá la sede permanente del Área de Libre Comercio de las Américas, que Dios nos libre, a Panamá y al Continente, de este maleficio que hoy conjuran algunos idólatras ilusos que pretenden domesticar el ALCA.

Otra Integración es Posible.

En Quito, Ecuador se acaba de realizar (24 y 25 de mayo 2002) la Primera Convención Contra el Área de “Libre” Comercio de las Américas, ALCA. Se trata de la primera Convención contra el ALCA de los movimientos sociales con el lema “Otra Integración es Posible”. El pueblo allí reunido, después de analizar y reflexionar la propuesta del ALCA ha llegado a las siguientes conclusiones:

El ALCA responde al interés de los grupos económicos aliados al capital transnacional, a las oligarquías nacionales, los banqueros, gobiernos corruptos y al Departamento de Estado norteamericano y no a las necesidades de las mayorías empobrecidas de nuestra América.

Que el ALCA, lejos de solucionar los problemas sociales (salud y educación), los agudiza, destruye la producción nacional, genera desempleo y migración, destruye la economía familiar, genera desintegración familiar y cultural, desestabiliza las democracias y amplía la brecha entre las mayorías desposeídas y las minorías que tienen poder y, obviamente, incrementa la deuda externa.

Que con el ALCA se constituye un Estado supranacional en el cual se pierden los derechos indígenas, laborales, sociales, y el medio ambiente.

Que el Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina son el brazo armado del ALCA y con ello se busca el control político y de recursos naturales del continente, queriendo convertirnos en una colonia norteamericana.

La convención contra el ALCA está invitando a otra integración que es posible, por una vida digna, por una paz con dignidad, por la soberanía, por una economía solidaria, por un medio ambiente sano, por la soberanía cultural y por una América Nueva e Iracunda.

En Panamá, frente al trabajo irreflexivo, pero muy lucrativo, que realizan sectores del gobierno por ensalzar el ALCA en busca de obtener la sede permanente, sin tomar en cuenta el desastre que traerá para el país y el Continente tales políticas, está en manos de las organizaciones del pueblo y del movimiento social panameño, crear conciencia, organización y lucha para enfrentar el desastre inminente que podemos ver a nuestro alrededor. No al ALCA, si a la VIDA.

Terminamos ésta, LaCarta 82, como comenzamos, citando a Medellín. Hermanas y hermanos, recuerden que “La violencia no es ni cristiana ni evangélica. El cristianismo es pacífico y no se ruboriza de ello. No es simplemente pacifista, porque es capaz de combatir. Pero prefiere la paz a la guerra.”. No. 15.

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[1] PATAS ARRIBA: LA ESCUELA DEL MUNDO AL REVÉS, siglo xxi editores, cuarta edición, 1998, pág. 302.
[2] “Antes del fin”. Cuarta edición, marzo de 1999, Editorial Siex Barral, S.A., página 106.

Equipo de la Oficina Nacional de Pastoral Social-CÁRITAS Panamá



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Agosto 2006