Panamá, 30 de septiembre de 2002.
"Yo sé de un pesar profundo, entre las penas sin nombres:
¡La esclavitud de los hombres, es la gran pena del mundo!"
José Martí
Queridas hermanas y queridos hermanos: "Por eso les digo que cojan las armas que Dios da, para poder hacerle frente al momento difícil y acabar el combate sin perder terreno. Levántense: abróchense el cinturón de la verdad, por coraza pónganse la honradez; bien calzados, dispuestos a dar la noticia de la paz." (Efesios 6, 13-16). El capitalismo neoliberal sufre el cataclismo que su propio egoísmo e injusticia social han creado en el mundo. En su desventura arrastra a la humanidad por los caminos tortuosos de la violencia guerrerista de consecuencias impredecibles. Tony Blair y José María Aznar han sido los primeros en apoyar el empuje bélico de George W. Bush. Nada les importa, a los autodenominados demócratas, el pensamiento y el querer de las poblaciones que dicen representar.
400 mil contra la guerra, y ¡somos muchos más!
El 28 de septiembre, al cumplirse el segundo aniversario de la "Intifada" (rebelión popular de Palestina) se realizó en la capital inglesa la que puede haber sido la mayor marcha anti-guerra en la historia de ese país. La marcha se dio a pocos días de haberse presentado el Informe Blair sobre las Armas de Destrucción Masiva de Irak. Más de 50 parlamentarios del partido oficialista votaron en contra de Blair en la sesión del congreso donde se discutió ese reporte. La movilización fue convocada bajo los lemas "Parar la guerra contra Irak" y "Libertad para Palestina". Los principales organizadores fueron la Asociación Musulmana Británica y los socialistas. Según el alcalde Ken Livingstone, la marcha congregó a 400,000 personas. Las principales consignas acusaban a Bush de ser un asesino y terrorista. Un 70 por ciento de la opinión pública británica rechaza y se opone al lanzamiento de una nueva guerra. Se han sucedido multitudinarias manifestaciones de rechazo a la guerra en Roma, Madrid y Washington. ¡No, en nuestro nombre! ha sido el grito lanzado, desde el propio corazón del imperio que propaga la guerra, envenenado con una paloma de su bien.
Armamentismo: negocio de la muerte
El armamentismo, entronizado en las economías de los países productores de armas, presiona desde todos los espacios para hacer girar la pesada rueda de esta auténtica industria de la muerte y la destrucción. Para mantenerse activos, los fabricantes de armas necesitan las guerras. Los guerreristas, como es su especialidad, con la fuerza de las armas controlan la vida, mejor dicho, esparcen la muerte y la destrucción entre los seres humanos, comunidades, pueblos, naciones, tierras, ríos y montañas. Afganistán, Palestina e Irak nos muestran hasta dónde puede llegar la soberbia de un sistema perverso cohesionado por el afán de lucro, acumulación y ganancia.
20 años de recolonización imperial
Son veinte años de aplicación de las políticas del Fondo Monetario Internacional (FMI) en América latina destinadas a fortalecer un evidente proceso de recolonización. ¿Habría otra forma de llamar a la política de sobreexplotación, saqueo y pillaje que, a través de las privatizaciones, progresivamente se ha ido apropiando de todos los recursos en los países del sur? En el caso de América latina, estamos pasando de una relación de dependencia semicolonial a una abierta y descarada dominación colonial, eso pretende el ALCA.
El mandamiento del dólar
La Europa económica (CE), uno de los tres polos que concentran el poder y la economía del mundo, durante varios años discutió y estructuró minuciosamente el lanzamiento de la moneda única, es así como surgió el Euro, sin embargo, en América latina, por decreto, los Estados Unidos va imponiendo el Dólar como moneda única. Todas las monedas nacionales están sujetas al Dólar, el 70 por ciento de las economías del continente están dolarizadas. Países como Panamá, El Salvador y Ecuador han sido forzados a adoptar el Dólar como moneda oficial. La pérdida de la moneda nacional es una de las máximas expresiones de la pérdida de la soberanía nacional. Así, como el que paga la música manda en el baile, los dueños de la moneda, dólar en este caso, ponen las pautas de la economía. Esto es lo que algunos llaman capitalismo salvaje y dependiente; en nuestros países, las grandes decisiones se toman afuera, en los centros de poder. Otros, con acierto, nos denominan países semi-coloniales. El ALCA busca la recolonización.
Pagar es la muerte, para vivir, ¡tenemos que dejar de pagar!
En el 2003, el Gobierno de Panamá destinará un 22.3 por ciento de su presupuesto para el pago de la deuda pública. Panamá pagará 1,181 millones de balboas (dólares) en deuda de los cuales 652 millones corresponden a intereses y 528 a amortización de la deuda externa. A pesar de todos los pagos que Panamá ha realizado, la deuda no ha dejado de crecer. En el 2002, más del 50 por ciento de los recursos públicos fueron destinados para el pago de la deuda externa; en febrero del 2002 el país hizo frente al vencimiento de un bono global por 500 millones. ¿Quién nos asegura que no haremos frente a otros pagos extraordinarios de la deuda en el 2003?
Cuanto más se paga, más se debe
Es un secreto a voces que la deuda externa es la punta de lanza para extraer ingentes cantidades de riqueza que van a las manos de las transnacionales y los países imperialistas. La deuda es un mecanismo mediante el cual se chantajea a los países para someterlos a los planes del FMI. Argentina fue el país de América latina que más puntual y aceleradamente cumplió con todas las exigencias, requisitos e imposiciones del FMI y el BM. Argentina fue el primero a la hora de pagar la deuda, el resultado está a la vista: un país con grandes capacidades y posibilidades para que ni un solo argentino/a pasara hambre, está en la bancarrota y asediado por los propios financistas internacionales que lo llevaron a la quiebra. En América latina la deuda se multiplicó por diez desde 1975 y se triplicó desde 1980. En 1990 se debían 439,700 millones de dólares y hoy esa cifra ha ascendido a alrededor de la astronómica cantidad de 800 mil millones de dólares, a pesar de que entre 1992 y 1999 pagamos (el pueblo) 913 mil millones. La deuda ha generado un círculo infernal de saqueo que hace que cuanto más se paga más se debe, convirtiéndose así en deuda eterna.
¿Por qué el mundo odia a los EEUU?
Monseñor Robert Bowan, Obispo de la Iglesia Católica de la Florida, ExTeniente Coronel del Ejército de los EEUU, y excombatiente en la guerra de Vietnam, el 16 de septiembre, le envió una carta al Presidente de los Estados Unidos, George W. Bus. Monseñor Bowan le pregunta al Presidente: ¿Por qué el mundo odia a EEUU?... En su carta el obispo le dice al Presidente:
...Sr. Presidente, Ud. No contó al pueblo americano la verdad sobre por qué somos el blanco del terrorismo, cuando explicó por qué bombardearíamos Afganistán y Sudán. Ud. dijo que somos blanco del terrorismo porque defendemos la democracia, la libertad y los derechos humanos del mundo. ¡Qué absurdo, Sr. Presidente! Somos blanco de los terroristas porque, en la mayor parte del mundo, nuestro gobierno defendió la dictadura, la esclavitud y la explotación humana. Somos blancos de los terroristas porque somos odiados.
Y somos odiados porque nuestro gobierno ha hecho cosas odiosas. ¿En cuántos países agentes de nuestro gobierno depusieron a líderes popularmente elegidos, sustituyéndolos por dictadores militares, marionetas deseosas de vender a su propio pueblo a corporaciones norteamericanas multinacionales?
Hicimos eso en Irán cuando los marines y la CIA derrocaron a Mossadegh porque él tenía la intención de nacionalizar el petróleo. Y lo sustituimos por el Sha Reza Palhevi y armamos, entrenamos y pagamos a su odiada guardia nacional, -la SAVAK- que esclavizo y embruteció al pueblo iraní para proteger el interés financiero de nuestras compañías de petróleo. Después de eso, ¿será difícil de imaginar que existan en Irán personas que nos odien?
Hicimos lo mismo en Chile, hicimos lo mismo en Vietnam, más recientemente intentamos hacerlo en Iraq. Y claro, cuántas veces hicimos eso en Nicaragua y en otras repúblicas de América Latina... Una vez tras otra hemos destituido líderes populares que deseaban que las riquezas de su tierra fueran repartidas entre el pueblo que las generó. Nosotros los reemplazamos por tiranos asesinos que venderían a su propio pueblo para que, mediante el pago de abultadas propinas para engordar sus cuentas particulares, las riquezas de su propia tierra pudieran ser tomadas por la Dominó Sugar, la United Frut Company, la Folgers, y por ahí va todo. En cada país, nuestro gobierno obstruyó la democracia, sofocó la libertad y pisoteó los derechos humanos. Por eso somos odiados en todo el mundo. Por eso somos el blanco de los terroristas. El pueblo de Canadá disfruta de democracia, la libertad y los derechos humanos, así como el pueblo de Noruega y Suecia.
¿Ud. escuchó hablar de embajadas canadienses, noruegas o suecas siendo bombardeadas? Nosotros no somos odiados porque practicamos la democracia, la libertad o los derechos humanos. Somos odiados porque nuestro gobierno niega esas cosas a los pueblos de los países del tercer mundo, cuyos recursos son codiciados por nuestras corporaciones multinacionales. Ese odio que sembramos se volvió en contra de nosotros para asombrarnos, en forma de terrorismo y, en el futuro, de terrorismo nuclear. Una vez dicha la verdad sobre por qué existe la amenaza y una vez entendida, la solución se torna obvia. Nosotros necesitamos cambiar nuestras costumbres. Librémonos de nuestras armas nucleares (unilateralmente si es preciso) y mejorará nuestra seguridad. Alterando drásticamente nuestra política exterior la asegurará.
En lugar de enviar a nuestros hijos e hijas a todo el mundo para matar árabes de modo que podamos tener el petróleo que existe debajo de sus arenas, deberíamos mandarlos para que reconstruyan sus infraestructuras, proveerlos de agua limpia y alimentar a sus niños hambrientos. En vez de continuar matando diariamente a millares de niños iraquíes con nuestras sanciones económicas, deberíamos ayudar a los iraquíes a reconstruir sus usinas eléctricas, sus estaciones de tratamiento de agua, sus hospitales, y todas las otras cosas que destruimos y les impedimos reconstruir con sanciones económicas. En lugar de entrenar terroristas y escuadrones de la muerte, deberíamos cerrar la Escuela de las Américas.
En vez de sostener las revueltas, la desestabilización, el asesinato y el terror alrededor del mundo deberíamos abolir la CIA y dar el dinero que ella gasta a agencias de asistencia. Resumiendo, deberíamos ser buenos en lugar de malos, y de serlo, ¿quién iría a intentar detenernos? ¿Quién nos iría a odiar? ¿Quién nos iría a querer bombardear? Esa es la verdad, Sr. Presidente. Eso es lo que el pueblo norteamericano debe escuchar.
"Para terminar, dejen que los fortalezca el Señor con su poderosa fuerza. Pónganse las armas que Dios da para resistir las estratagemas del diablo..." Efesios 6, 10-12.
Equipo de la Oficina Nacional de Pastoral Social-CÁRITAS Panamá.