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Panamá, noviembre de 2002

OTRO PANAMÁ Y OTRO MUNDO ES POSIBLE

Mensaje del II Congreso Nacional de Pastoral Social-Cáritas Panamá
Curia Metropolitana, ciudad de Panamá, / 8 - 10 de Noviembre de 2002

1. Creemos en un Panamá que cumple cien años.

Creemos en un Panamá que no sólo es nuestra Patria, sino también la escuela en la que aprendemos cada día. Una escuela que nos enseñe a respetar la ecología y la vida humana en todas sus manifestaciones y derechos. Pero, sobre todo, un Panamá que es nuestra casa común, nuestro hogar que se reconoce uno, diverso y múltiple, indígena, mestizo y africano, unido pero no uniforme. Un Panamá absolutamente fiel a su pueblo y absolutamente fiel a su fe.Creemos, sobre todo, en el Panamá profundo que se reconoce, pluriétnico, multicultural y plurilingüe.

Creemos en un Panamá que define y defiende las fronteras de la Patria, pero mantiene las puertas de su corazón abiertas a hermanos y hermanas de todo color, condición económica, pueblo, lenguaje y nación. Creemos en un Panamá que quiere celebrar cien años de su soberanía y fortalecerla hacia dentro en sus actitudes y decisiones económicas, políticas y sociales.

2. creemos en un Panamá democrático y no neoliberal.

Creemos en un Panamá que, inspirado por valores evangélicos, se opone eficazmente a los disvalores de un sistema que predica, con todos los medios a su alcance, el poder, el placer, el acumular. Creemos en un Panamá que se declara democrático para exigir que las decisiones y dirigentes nacionales estén inspirados en el bien común, en el bien de las inmensas mayorías nacionales, los empobrecidos, por quienes nuestro Panamá opte preferencialmente en este su primer centenario.

Ni queremos ni creemos en una falsa democracia que se basa en la corrupción, la politiquería, el juega vivo, el egocentrismo y la mentira de los grupos o individuos. Ni queremos ni creemos en una economía que, porque depende completamente de las decisiones y planes ajenos a los intereses del pueblo de Panamá, se pasa medio año "planificando", y el otro medio año constatando que no se cumplieron esos planes nacionales.

Sólo tendremos democracia si construimos la equidad. Creemos en una economía basada en los intereses populares. Debemos vencer el grave problema de la pésima distribución de la riqueza en el país, y construir oportunidades de auténtica participación. Sólo con auténtica libertad de expresión y participación igualitaria de las mujeres, será posible una verdadera democracia en Panamá.

3. La Iglesia: alternativa y levadura.

En el Panamá que queremos y soñamos, la Iglesia es al mismo tiempo alternativa y levadura. La Iglesia sabe que en donde no sirve el poder, sirve el servir. En la Iglesia que amamos y soñamos, en la Iglesia que viene y que cuestiona la que somos, los valores del Reino de Dios iluminan e inspiran la participación de los cristianos y cristianas en lo político, lo económico y lo social; en resumen: creemos en una Iglesia que, como Cristo, su Señor, sea corresponsable y colaboradora, y no solamente testigo y, menos aún, cómplice. Creemos en una Iglesia que, por pura sensibilidad cristiana, rechaza la globalización que ve a los seres humanos como objetos desechables o "bajas colaterales" en el camino del enriquecimiento desmesurado de unos pocos, sean éstos individuos, grupos o países. Una Iglesia que no produzca agentes de cambio, hasta que todo sea Reino de Dios, no es una comunidad fiel a su único Señor, Jesucristo. Una Iglesia que no fuera pobre y no fuera la aliada natural de los pobres, no sería la Iglesia de Jesús de Nazaret.

4. Hace falta una pastoral de conjunto.

Las diferentes pastorales -profética, litúrgica y social- son apenas dimensiones de un mismo caminar eclesial. Sin un plano, cien obreros le construirán cien paredes, pero no una casa. La percepción de nuestro pueblo católico es que se echa de menos una verdadera pastoral de conjunto. Si, como Iglesia, queremos ser ejemplo y testimonio, debemos hacer posible y deseable una planeación que unifique la pastoral en todo el país, que anime, afecte y oriente la pastoral en todas las diócesis, parroquias, movimientos y actividades de la Iglesia en todos los ámbitos.

5. Visión de la pastoral social de la Iglesia.

Teniendo como base de partida para nuestras reflexiones el Primer Congreso Nacional de Pastoral Social, como Iglesia pueblo de Dios, queremos un continente justo, democrático, pluralista y solidario, en donde los poderes públicos sean representativos, transparentes y participativos, para que cada hombre y mujer de nuestra América viva de acuerdo a la dignidad infinita, que le revela su fe, satisfaga más allá de sus necesidades básicas y aprenda a usar sosteniblemente los recursos de toda la creación destinados para el bien común.

6. Misión de la pastoral social de la Iglesia.

Creemos en una Iglesia, nuestra madre, que anima y acompaña, a la luz del Evangelio y la enseñanza social de la Iglesia, el proceso de transformación de la realidad de los pueblos del continente, con el protagonismo de los empobrecidos y excluidos, para construir, en armonía con la creación, una sociedad justa, fraterna y solidaria, signo y sacramento del Reino de Dios.

7. El cristiano en la política. 8. Más allá del momento electoral de la política.

Sabemos que político es todo lo que afecta a las personas que conviven con nosotros en nuestro pueblo, barrio, comunidad y país. Vivimos y trabajamos en Panamá y nada de Panamá puede sernos ajeno. Sabemos que la política es, sobre todo, la búsqueda del bien común. Llamados a ser sal que dé sabor, luz que ilumine, fermento que haga crecer la masa, no podemos desentendernos de la organización local, comunitaria, regional, nacional e internacional. Dios no va a hacer por Panamá lo que las mujeres y los hombres en Panamá podemos y debemos hacer por nosotros mismos; eso nos hace responsables y cómplices de todo lo que oscurece y hace padecer la vida de nuestros hermanos y hermanas, criaturas de Dios, y que, con nuestro esfuerzo, podríamos cambiar. La resurrección de Cristo nos revela que Dios no quiere que nos resignemos a lo que se puede cambiar, incluso la muerte. ¿Cómo no vamos a poder cambiar y transformar a Panamá?

8. Más allá del momento electoral de la política.

Antes de tiempo se empuja al país hacia una dinámica nacional de tipo electoral, estamos absolutamente convencidos de que la política electoral ha estado plagada de venta publicitaria de candidatos, búsqueda de prebendas personales, chantajes apenas disfrazados, coacciones de toda clase, sobornos miserables y mentiras. La actual participación política partidista ha padecido epidémicamente de corrupción, corrupción en los candidatos, corrupción en los elegidos, corrupción en los tres poderes del Estado. El actual Código Electoral impide la participación popular y refuerza la partidocracia. Hemos llegado al punto en que gran parte del pueblo ha perdido la fe y la esperanza en los partidos y en los dirigentes políticos; como lo expresó uno de nuestros pastores, parece hacernos falta un milagro para reencauzar la política partidista hacia lo que debería haber sido siempre su finalidad: la verdadera búsqueda del bien común nacional. En ese sentido consideramos necesario profundizar en la propuesta de una reestructuración integral del actual Código Electoral para que reconozca, por ejemplo, la libre postulación de candidatos para todos los puestos de elección popular. Asimismo resulta urgente considerar la propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente entendida como proceso de amplia participación de los movimientos sociales y de los distintos sectores del pueblo, con miras a una auténtica transformación nacional.

Vigilantes responsables de la democracia (ver Carta Pastoral "La Justicia Social en Panamá" # 86), queremos que los elegidos y elegidas para puestos de representación popular se sometan a controles de su actuar, del manejo de los dineros públicos, a manos de las organizaciones comunitarias.

9. Los movimientos sociales son alternativa.

Queremos construir la esperanza que, desde la fe, lleve a un mundo mejor a través de la organización comunitaria.  Creemos que los movimientos sociales: cooperativas, sindicatos, gremios, mujeres, indígenas, campesinos, estudiantes- que resisten la lógica del sistema, son una forma práctica de participación democrática y pueden tener una verdadera influencia en el manejo de la cosa pública.  Acompañar las luchas de los movimientos sociales y populares es una exigencia que tenemos como Iglesia encarnada en su realidad social, favoreciendo la comunicación, la solidaridad y la unidad entre las organizaciones del pueblo. 

Los seguidores de Cristo estamos en todo el país y las necesidades son muchas, el espíritu cristiano no puede resultar invisible o ineficaz. Para construir y transformar la comunidad no existe otra forma que participar. Nadie puede usar a Jesucristo, o a la fe de sus seguidores, como pretexto para descomprometer a los cristianos y cristianas en el quehacer político que conduce al bien común.

10. Situarnos y discernir para comprometernos en la acción.

Se nos hace ver que, porque la dolorosa realidad que contemplamos es el efecto de políticas anteriores y no la causa de lo que viene, si no cambiamos enteramente nuestra forma de funcionar, si no adversamos decididamente las pretensiones del sistema imperante, nuestra convivencia colapsará en todos los ámbitos: económicos, políticos, sociales; y no sólo para el presente que transcurre ante nuestros ojos, sino para los próximos años. Hay algo totalmente equivocado en un sistema que lleva a que una mínima parte de los panameños tengan todas las ventajas a costa de que la inmensa mayoría de los conciudadanos y conciudadanas no tengan nada o poco menos que nada. Hay algo totalmente equivocado en un sistema que ignora a los discapacitados y discapacitadas. Hay algo totalmente equivocado en un sistema que lleva a que todos los servicios sociales sean colocados en manos de unos cuantos propietarios particulares y para su propio provecho económico, reduciendo las funciones sociales nacionales del Estado y con ello haciendo inexistente la satisfacción de las necesidades mínimas vitales de la mayoría. Este es el caso de la negación, desde el poder, de un salario justo, mientras los trabajadores reclaman, justa y legalmente, un salario mínimo.

11. Una Caja de Seguro Social pública y solidaria.

Lo último que quisiéramos ver o aceptar es más privatización de servicios públicos indispensables. La Caja de Seguro Social debe permanecer pública y solidaria, solidaridad fundada en el esfuerzo del trabajo humano generador de la riqueza. Estamos seguros, por la experiencia sufrida con las otras privatizaciones de servicios públicos aquí y en otros países, de que el paso de los servicios nacionales de salud a manos privadas, no hará otra cosa que hacer inaccesible al pueblo pobre los servicios hospitalarios.

12. Democracia, vida y ecología.

A propósito de democracia, participación y movimientos sociales, queremos resaltar la organización de campesinos e indígenas en comunidades amenazadas con ser desalojadas e inundadas al servicio de una supuesta "Cuenca hidrográfica del Canal". También destacamos la participación de indígenas y campesinos que se han organizado para defender su tierra, su vida y la naturaleza de los proyectos de construcción de hidroeléctricas, como en los casos de Tabasará, Teribe y Changuinola. Como Iglesia creemos inaceptable que, en nombre de la modernización, se atropellen derechos humanos fundamentales (ver carta "La Justicia Social en Panamá", # 95) y como Iglesia sentimos que es nuestro deber acompañar en sus luchas a estas poblaciones campesinas e indígenas. (Ver # 96,Carta Pastoral JSP).

13. El Plan Puebla-Panamá (PPP), el ALCA y la "Operación Nuevos Horizontes".

Vemos con temor el empeño puesto por algunos conciudadanos en sumar al país al Plan Puebla Panamá y al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA); tal tipo de planes constituyen una amenaza a la soberanía, que ocasionaría mayor empobrecimiento y sufrimiento para el pueblo.

En esta misma línea: rechazamos vernos enrolados en una guerra que se nos va imponiendo de parte de la política estadounidense, sea en Colombia o en otra parte del mundo. Vemos con sospecha, por decir lo menos, la anunciada intervención de tres mil soldados de los Estados Unidos, con el nombre de "Operación Nuevos Horizontes", en nuestro territorio, después de que, en enero de este mismo año, un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores(ver El Universal,8 de enero), explicó que las conversaciones de ese ministerio con militares norteamericanos no tenía nada que ver con ninguna operación de militares de los Estados Unidos en Panamá. Nuestro temor crece justamente porque tal presencia militar ocurriría en este momento de escalada de la guerra en Colombia y de la anunciada guerra a Irak, recién recuperada nuestra soberanía nacional. No podemos olvidar que la Constitución Nacional prohíbe la existencia de un ejército nacional, con mayor razón la de un ejército extranjero.

14. La voz del pueblo en las comunidades.

Panamá es un país centralizado, por lo menos en la toma de decisiones sobre todos los aspectos fundamentales del país. Creemos que las decisiones deben ser tomadas lo más cerca posible de las bases que van a ser afectadas directamente por esas decisiones. Los municipios y corregimientos tienen que ser auténticos espacios de participación del pueblo. Para ello, los municipios y corregimientos deben poder contar con recursos económicos y humanos, y asignaciones del presupuesto. Hay que crear mecanismos populares para poder influir en todos los ámbitos de decisión. Debemos recordar que el que organizaciones populares hayan podido discutir decisiones inconsultas ha hecho posible que, en puntos como la educación nacional, el IDAAN, o el Seguro Social, se hayan impedido imposiciones impopulares.

15. Presente y futuro de Panamá.

En la reunión de Puebla, la Iglesia de América Latina hizo también una opción preferencial por los jóvenes.  Ellos son gran parte del presente y, desde luego, el futuro de la Patria y la Iglesia.  No son simplemente un sustituto para las generaciones que vayan pasando, los jóvenes traen su propia forma de entender la vida y la Iglesia.  La primera educadora de esos jóvenes es y debe ser la familia.  Por los frutos se conoce el árbol.  El árbol bueno no puede sino dar frutos buenos. Pero la familia, en nuestra Patria, nos dicen dolorosas estadísticas, es más un ideal por el que luchar que una realidad presente.  Lo más importante que un joven puede aprender, no lo aprenderá en la escuela, sino a través del ejemplo de sus padres: cómo un hombre o mujer se comporta frente a la vida, frente al amor, frente al trabajo, frente a la comunidad; la solidaridad y el sentido comunitario.  La violencia de la que acusamos a los jóvenes está en el ambiente, está en el hogar, en los medios de comunicación, está en la calle, está en la realidad internacional.  Es de esos polvos de donde han salido estos lodos, que tanto nos molestan. 

16. Panamá renovado y solidario.

Pidiendo a Santa María La Antigua que nos acompañe en este caminar, invocamos a Jesucristo, camino para la conversión, la verdadera comunidad y la solidaridad en Panamá y todo el continente de América, y nos comprometemos en hacer todo lo que esté de nuestra parte para acompañar las luchas y esperanzas de los movimientos sociales. Que el Espíritu de Dios, que es espíritu de amor, justicia, paz y liberación, nos acompañe y fortalezca en la construcción de un Panamá renovado y solidario con todos los seres humanos y el ambiente.

Monseñor Carlos María Ariz, cmf
Presidente de la Comisión de Pastoral Social-Cáritas de la
Conferencia Episcopal de panamá

Lic. Héctor Endara Hill
Coordinador Nacional de
Pastoral Social-Cáritas Panamá

P. Patrick Hanssens
Director de Pastoral Social Arquidiocesana
de Panamá

Licda. Elvira Barraza
Coordinadora de
Pastoral Social-Cáritas Panamá,
Diócesis de Colón-Kuna Yala

Prof. Xiegdel Candanedo
Coordinador de Pastoral Social-Cáritas Panamá,
Diócesis de David

P. Aquiles Sánchez
Coordinador de
Pastoral Social-Cáritas Panamá,
Diócesis de Penonomé

Lic. Luis Batista
Coordinador del
Centro de Promoción y Asistencia Social (CEPAS),
Diócesis de Santiago

Equipo de Pastoral Social-CÁRITAS PANAMÁ



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Agosto 2006