Panamá, 25 de febrero de 2003
"El que va tras el oro no queda sin culpa,
y el que ama el dinero se extraviará por él".
Eclesiástico 31,5
Queridas hermanas y hermanos: Los poderes que sirven al dinero intentan hacer avanzar sus planes para garantizar que así como hoy y para siempre nuestras vidas tengan que girar en función de hacer crecer las riquezas de quienes la tienen acumulada. Nuestra misión de hacer cumplir la voluntad de Dios en el mundo quedaría en entredicho si no estamos disponibles para pensar en esto y, sobre todo, para no permitir que sigan adelante. Por eso compartimos la nota de prensa que fue elaborada por las personas participantes en el FORO PANAMÁ: movimientos sociales y compromiso. El foro se realizó del 18 al 21 de febrero y centró su pensamiento en analizar información sobre los avances del ALCA y el Plan Puebla Panamá y en definir compromisos comunes para defendernos de esta amenaza.
Detengamos un nuevo engaño que negocian en secreto y que se llama ALCA
Los hombres y las mujeres que participamos en el Foro Panamá, en representación de las Cáritas y Movimientos Sociales, procedentes de Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala, México, Brasil, Perú, España, Noruega, Italia, Francia, Estados Unidos y Panamá, en unidad de pensamiento y voluntad, hacemos un llamado a la comunidad latinoamericana para que detengamos el avance del ALCA y el Plan Puebla Panamá, por el peligro que supone para los pueblos de América.
Área de Libre Comercio de las Américas, conocida como ALCA. El ALCA es el nombre que se le da al proceso de expansión hacia todo el continente Americano (con la excepción de Cuba) del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, firmado por Canadá, Estados Unidos y México. A través del ALCA se busca suprimir los aranceles (impuestos) a las importaciones y eliminar las regulaciones estatales o municipales a las compañías privadas. El "libre comercio" consistiría en que las mercancías y capitales se desplazarían sin restricciones en los países del continente.
Si este proyecto entra en vigor, las grandes empresas de Estados Unidos1 podrán instalarse en los demás países americanos y apropiarse de los servicios públicos, como el agua, la salud, la educación y otros, los que quedarían reducidos a simples mercancías. También se les facilitaría sacar de nuestros países todas las ganancias que obtengan y adueñarse, mediante patentes, de los recursos naturales de la región.
El ALCA también facultaría a las empresas a demandar a los estados nacionales si consideran que éstos toman medidas que afecten sus ganancias. Los tribunales operan en secreto y responden a los intereses de las grandes empresas. El ALCA, por lo tanto, sería un atropello a la soberanía de los estados latinoamericanos y caribeños.
El interés de Estados Unidos en este gran proyecto es inundar los mercados latinoamericanos de productos agrícolas e industriales estadounidenses, explotar la mano de obra barata y los recursos naturales, apropiarse de los servicios públicos y ampliar su hegemonía para enfrentar los bloques comerciales europeos y asiáticos. Los países de América Latina serían exclusivos elaboradores de materias primas y de productos de empresas maquiladoras, como ha ocurrido en México, en donde proliferan las zonas francas, en donde las industrias están perdiendo su base nacional y en donde se verifica un descenso de la producción agrícola y una quiebra masiva de pequeñas empresas.
El ALCA, sin embargo, ha encontrado algunos obstáculos, como el rechazo de Brasil y otros países del sur a los subsidios que el gobierno de Estados Unidos otorga a los ricos granjeros, que abaratan sus productos y generan una competencia desigual en el mercado mundial. Debido a ello, Estados Unidos está negociando la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los países de Centroamérica, como mecanismo para ir avanzando hacia la gran zona de libre comercio continental.
Los gobiernos de Centroamérica afirman que la integración con Estados Unidos permitirá que aumenten las exportaciones de la región hacia ese país. Sin embargo, el resultado será otro: el incremento excesivo de las importaciones, dado el nivel de desarrollo de la economía de Estados Unidos. Eso fue lo que ocurrió en el primer año del TLC de México con Guatemala, Honduras y El Salvador. Estos últimos países ampliaron su déficit comercial con México de 838 millones de dólares a 951 millones.
El TLC con Estados Unidos afectará aún más a la agricultura de la región, carente de crédito y de apoyo gubernamental e incapaz de sobrevivir en la competencia con productos norteamericanos subsidiados. También hay riesgos para muchas pequeñas y medianas empresas manufactureras, cuyas posibilidades de competencia son mínimas.
La ruina del agro provocará una mayor emigración de la población rural hacia las ciudades y hacia las zonas semiurbanas, para trabajar en maquilas o montar microempresas. Otra parte se irá al exterior, desde donde mandará remesas. Esto último es lo que realmente quieren los gobiernos de Centroamérica, pues las remesas sirven para financiar las importaciones.
Por otra parte, como parte de la estrategia de integración de Estados Unidos, desde mediados de 2001 se viene ejecutando el Plan Puebla Panamá (PPP), que contempla, principalmente, proyectos de infraestructura y de generación de empleo en empresas maquiladoras en toda la región que va desde el Estado de Puebla (México) hasta la República de Panamá. De los 4,000 millones de dólares que el Banco Interamericano de Desarrollo invertirá en los próximos cinco años en Centroamérica, en el marco del PPP, el 96% se destinará a infraestructura vial e interconexión energética y el 3.4% restante al comercio, desarrollo humano y desarrollo sustentable.
La infraestructura ayudaría a las empresas transnacionales a articular mercados y a darle salida a sus productos. Mediante un sistema integrado de transporte (terrestre, ferroviario, marítimo y aéreo) se vincularían los centros de abastecimiento de materias primas con los centros de exportación, para facilitar la producción y el comercio.
El interés principal de las multinacionales es apropiarse de las fuentes de materias primas y recursos naturales, sobre todo en el sur de México, donde se encuentra el 65 por ciento de las reservas petrolíferas del país, el 94% de la producción de crudo, el 54% del gas y el 90% de la producción de petroquímicos. De modo que el Plan Puebla, en tanto facilita el comercio y las inversiones en una zona importante del Istmo, constituye un avance, junto a los TLC, hacia la integración del continente (ALCA).
Mediante el PPP el gobierno de México procura desarrollar un sector exportador sustentado en las maquilas y el turismo, a partir de la mano de obra barata de la zona. También pretende expropiar a muchos campesinos e indígenas del sur, mediante la titulación de las tierras (para facilitar su venta y romper la economía colectiva), mediante el ahogamiento financiero y a través de la introducción de cultivos transgénicos que destruyen las plantas nativas. Otro mecanismo de expropiación es la violencia armada.
Para los gobiernos centroamericanos, el PPP parece ser una oportunidad de desarrollar la infraestructura que requiere la gran empresa para articular mercados regionales y favorecer su inserción en la economía mundial. Junto a las carreteras construidas en el marco del PPP se montarían empresas maquiladoras que movilizarían rápidamente las materias primas y despacharán los productos hacia los puertos, para su posterior envío hacia el exterior. A las maquilas iría a trabajar una buena parte de la población rural. Si el TLC con Estados Unidos significa una mayor ruina de la agricultura, el PPP es la "oportunidad" para que muchos pequeños y pequeñas productoras del campo trabajen en empresas maquiladoras.
Para lograr competitividad, la empresa privada de la región intentará reducir el costo de la mano de obra a través de la flexibilización del mercado laboral: liberalización de los salarios y no pago de horas extras mediante contratos de trabajo semanales y/o por metas de producción.
Con las actuales políticas económicas, las economías de la región disminuirán sus bases productivas agrícolas e industriales y aumentarán la dependencia externa en la dotación de insumos y alimentos. Si la apertura comercial, iniciada con los programas de ajuste, afectó a la agricultura, esta nueva fase, en las que predominan los TLC y las inversiones en infraestructura y corredores industriales maquileros, significará la liquidación de muchos rubros agrícolas y de áreas importantes de la industria nacional. Al cabo de una década, nuestros países estarían abarrotados de empresas maquiladoras y serían más dependientes de las importaciones agrícolas para alimentar a la población.
El ALCA, los TLC y el PPP no son mecanismos de redistribución de la riqueza. La pésima distribución de la riqueza es la causa de los altos índices de pobreza de nuestros países. Mas bien constituyen instrumentos para facilitar el comercio y la inversión de las grandes empresas. El declive de la agricultura, el abaratamiento de la mano de obra y las nuevas cargas impositivas para financiar el Plan Puebla, provocarían una mayor concentración de la riqueza en nuestros países. La estructura de la propiedad también se concentraría debido a la expropiación de tierras y las privatizaciones pendientes.
Dadas las debilidades institucionales y la falta de regulación sobre el capital privado, el daño a los recursos naturales sería muy severo y se expresaría sobre todo en la destrucción de áreas verdes, en la pérdida de recarga de los mantos acuíferos y en la contaminación ambiental.
Es necesario, por lo tanto, un movimiento de resistencia lo suficientemente fuerte como para lograr detener su avance. Para nuestro pueblo es cuestión de vida o muerte, de impedir que las personas tengamos menos valor que la mercancía y de decidirnos de una vez por todas a desvelar las falsas promesas del neoliberalismo.
Nos resistimos a que sigan negociando en secreto nuestro futuro, a que las fuerzas del mal arrasen con nuestras vidas para convertirnos en instrumento que sacia sus apetencias. Cambiemos el rumbo y avancemos. Una agenda común hará posible vencer este reto común.
OTRA AMÉRICA Y OTRO MUNDO ES POSIBLE. SOBERANÍA, RESISTENCIA Y SOLIDARIDAD.
Animamos a la comunidad cristiana a pensar seriamente en este tema para no ser presa de esta trampa, a hacer de nuestras ofrendas de conversión en la Cuaresma que se avecina, esperanzadoras señales de que, en unidad con quienes ya se resisten, haremos realidad el compromiso con el Reino. Que el Señor nos siga prodigando su fuerza y que el canto de María continúe marcando nuestros recorridos.
Equipo de Pastoral Social-CÁRITAS PANAMÁ.