“Las cosas no se pueden arreglar con represiones, con violencia.
Es necesario profundizar en un diálogo que sea verdaderamente diálogo,
no monólogo en defensa de un solo modo de pensar,
sino diálogo en el cual se va dispuesto a buscar la verdad
y a deponer actitudes por más queridas que parezcan”.
Monseñor Romero (17 de junio, 1979/VI 409).
Queridas hermanas y queridos hermanos: Después de mucho tiempo de no publicar LaCarta, que hacíamos mensualmente, pedimos disculpas y retomamos esta labor en medio de la angustia que se cierne sobre la población panameña con la imposición de la Ley 17. No perdemos la esperanza que fundamentamos en nuestra fe y creencia en las promesas y designios del Dios de la Vida, que es fiel y cumple, pero está en nuestras manos asumir el Plan de Dios mediante la acción organizada.
La voz de los obispos
El Arzobispo de Panamá hizo público la petición hecha por la Conferencia Episcopal Panameña (CEP) al Gobierno Nacional, éstos son los tres aspectos señalados por los obispos:
1. La suspensión de los efectos de la Ley 17 que reforma la Ley Orgánica de la Caja de Seguro Social mientras se dialoga con todos los que la adversa.
2. Que los obispos que participen en el diálogo nacional sobre la Ley 17, convocado por el gobierno, no sean simples observadores y su participación sea activa.
3. Que se convoque al diálogo al Frente Nacional por la Defensa de la Seguridad Social (FRENADESSO).
La democracia de los consorcios
El gobierno ha pretendido hablar de diálogo, mientras mantiene su imposición y niega posibilidades a las voces que no quiere escuchar. Estamos ante una "democracia" que cierra todos los espacios de participación y representación política a quienes no formen parte o no inclinen su cabeza ante los consorcios económicos que están determinando el rumbo del país y cuya política económica vigila para mantener el ritmo de concentración de las riquezas, con sus conocidos frutos de esparcir más el empobrecimiento en la población. La Ley 17 que modifica la seguridad social en Panamá claramente hace disminuir los ingresos de la población que no obtiene ganancias como producto de sus esfuerzos y hace completamente imposible a miles de miles de panameños su jubilación.
Los dueños
Las triquiñuelas usadas, al mejor estilo PRD, en la forma para imponer la Ley 17 y el mismo contenido de dicha Ley, nos obligan a analizar los mecanismos y el funcionamiento de la “democracia” en Panamá. Las voces del pueblo pretenden ser silenciadas sistemáticamente para que avance sin tropiezos el concepto de democracia que defienden los dueños de los partidos políticos, los dueños de las empresas y los dueños de las corporaciones de medios de comunicación en Panamá.
Las calles un lugar de encuentro
Ante la realidad de una democracia restringida, si tal cosa puede darse y seguir llamándose “democracia”, que reproduce el saqueo a las riquezas nacionales, y una democracia incoherente en donde los poderes legislativo, ejecutivo y judicial son invocados para justificar lo injustificable, urge reafirmar la validez de utilizar las calles como legítimos y necesarios espacios válidos de manifestación y participación ciudadana. Democracia con mayúscula
Sobre los “obstáculos para una real participación ciudadana” (#17), la Carta Pastoral: La Justicia Social en Panamá del 6 de enero de 2001 dice:
“¡Qué difícil es hablar de democracia cuando hay una estructura económica que hace más y más grande la brecha entre excluidos y acumuladores!
Vivir en democracia implica la existencia de mecanismos para que cada persona y todas las personas integrantes de la sociedad, podamos opinar, participar y decidir en condiciones de igualdad. Es evidente la desventaja en las oportunidades para sectores específicos como es el caso de las mujeres, los indígenas, los grupos de origen africano, los campesinos, los discapacitados y la juventud.
La democracia no se puede restringir a los procesos electorales; por el contrario, para que sea auténtica, tiene que extenderse a todos los campos de la vida. Democracia es más que poder elegir y ser elegido con igualdad de oportunidades: también es poder comer, estudiar, trabajar, tener una casa. Sin embargo, la aspiración de una democracia participativa encuentra serios tropiezos en las condiciones económicas. Estas establecen ciudadanías de diferentes categorías, haciendo que la palabra, la información y los espacios de decisión se concentren en quienes monopolizan el poder económico, que controlan la propiedad de los medios de comunicación social y, en muchos casos, los propios partidos políticos.”
Estado y Democracia
Ojalá que la crisis generada a raíz de la imposición de la Ley 17, conocida como “la Ley de la Muerte”, nos haga reflexionar sobre la utilización trillada del concepto de democracia que invocan los poderosos para imponer su voluntad en contra de las mayorías nacionales. Los poderosos que hoy se adueñan del control y la determinación del Estado en Panamá tienen que tener presente el verdadero sentido de la democracia y el verdadero sentido y obligación del Estado. En el # 102 de la citada Carta Pastoral, se señala lo siguiente sobre el papel del Estado:
“El Estado debe garantizar a todos los ciudadanos, y en especial a los más débiles, la defensa de la vida y sus derechos fundamentales. Esto implica los derechos civiles: libertad, igualdad e integridad; los derechos políticos: elegir y ser elegido, igualdad de oportunidad para la participación política; los derechos sociales y económicos: bienestar, salud, educación, vivienda, seguridad social y empleo; los derechos de los pueblos: autodeterminación, paz y ambiente sano.”.
Como bien dice el Evangelio: “El que procure salvar su vida la perderá, y el que la pierda por mi, la hallará.”. Dios quiera que los principios de justicia y solidaridad estén presentes en los frutos del diálogo nacional que analizará la seguridad social de los panameños y panameñas.
Equipo nacional de Pastoral Social-Cáritas Panamá