Mensaje final del III Congreso Nacional de Pastoral Social-Cáritas
(13-15 de octubre de 2005).
"Desarrollo, más que crecimiento económico,
un proceso al servicio de la vida".
EL REINO DE DIOS.
Somos seguidores del Señor Jesús, queremos continuar su misión: anunciar y hacer presente el Reino de Dios. Y, sabemos muy bien que el Reino de Dios se vive en la hermandad, que pasa necesariamente por las luces y las sombras que hay hoy en la vida de las personas empobrecidas. Jesús predicó el Evangelio, la Buena Noticia del Reino de Dios en réplica al evangelio del César, que es ahora el evangelio del poder, del acumular, del placer, opuestos claramente al Evangelio del servir, del compartir y del amor.
DISCÍPULOS DE CRISTO.
Jesucristo no es para saberlo, sino para vivirlo. No puede haber incoherencia entre la fe que decimos profesar y la vida que llevamos; el que es discípulo de Cristo, lo es con todas las consecuencias, desde luego, en todos los aspectos de su compromiso y proyección social. Es actuando como cristianos que nos hacemos cristianos y mostramos nuestra fe con nuestras obras.
COMUNIDAD Y TESTIMONIO.
Apenas empieza a predicar el Reino, Jesús comienza a crear una comunidad, a reunir continuadores de su misión. Es el pueblo entero el que es llamado a convertirse en testimonio, y la práctica nos enseña que, para el testimonio, es mejor que muchos, en todas partes y a través del tiempo, hagan poco (lo poco que cada uno pueda), que pocos hagan mucho.
EL AMOR DE DIOS ES EL ÚNCIO ABSOLUTO.
Jesús llama y reúne junto a El, seguidores que estén con El y continúen su Evangelio, su predicación del Reino. No somos francotiradores, nos sentimos pecadores llamados por quien es la Palabra de Dios, a estar con esa Palabra y a continuar, con El, la misión que nos ha encomendado Dios de anunciar y hacer presente su Reino entre nosotros. Nadie nos puede separar del amor del Padre-Dios, como tampoco del amor y cuerpo de Cristo. Ese amor, que es Dios mismo, es el único absoluto que los cristianos podemos reconocer en nuestra vida.
EL LLAMADO A SER LUZ EN LAS TINIEBLAS.
Jesús explica en parábolas lo que es para El el Reino y, con las parábolas, permanece su llamado a ser la semilla sembrada en el campo del mundo, la levadura que haga fermentar la masa entera, la luz que ilumine en el corazón de las tinieblas de los antivalores vigentes.
DIOS ES NUESTRO ÚNICO SEÑOR.
Nada, sino Dios, puede ser señor de nuestra vida. Ni el dinero, ni el poder, ni el placer, ni la comodidad, ni la violencia, pueden enseñorearse en nuestras motivaciones y decisiones. Es urgente hacer nuestra parte para poner la hermandad en donde reina el individualismo o el egoísmo solapado o la ganancia como valores supremos.
RECUPERAR LO QUE FUE CREADO PARA NUESTRA FELICIDAD.
Todo lo que ahora es realidad, incluso consagrada por las leyes, fue una vez utopía. Nos toca proponer los horizontes posibles y deseables que nacen de la lectura de la realidad de un pueblo, nuestro amado Panamá. Construir una sociedad en donde quepan todos los seres humanos y sea respetada y amada la naturaleza es nuestro deber. Para ello, nos proponemos invertir la lógica imperante de la ganancia, construir nuevas relaciones sociales, redefinir nuestras instituciones, establecer una nueva espiritualidad que desarrolle todas las potencialidades humanas. Nos anima la urgencia de recuperar las distintas formas de la propiedad, de tal manera que ésta incluya también la propiedad colectiva. Se trata de vivir los derechos humanos de tal manera que no hablemos de ellos en abstracto, sino que sean reales en cada una de nuestras vidas. Se trata de proteger a las personas necesitadas de tal manera que el Estado no sea obligado a convertirse en un convidado de piedra frente a la salud, la educación, la alimentación y la vivienda de la ciudadanía; de construir un proyecto social no cerrado, sino abierto a todos los cambios y modificaciones que exijan el futuro y las distintas comunidades que forman la Patria y la humanidad.
LAS ORGANIZACIONES BÁSICAS COMUNITARIAS IMPULSANDO NUEVOS CAMINOS PARA COMPARTIR EL TRABAJO Y LA COSECHA .
En todos los ámbitos de la comunidad cristiana, en todos los ámbitos de la estructura y bases populares de nuestra colectividad nacional se buscan y se proponen medidas y soluciones que van en la línea del respeto y colaboración con la naturaleza: tanto en la medicina natural, como en la agricultura orgánica; tanto en el cooperativismo como en la organización social, que resisten, desde la no violencia, las amenazas de los proyectos que arruinan el medio ambiente o destruyen la cultura popular y la vida comunitaria.
Sabemos que el sistema no se trata de algo casual, sino de una estrategia mundial y bien pensada por parte del neoliberalismo globalizador. Que los criterios de fondo conllevan la contradicción entre el capital, el lucro, el mercado, y la vida. Jesús dice que ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia; el sistema quiere que el dinero tenga vida y la tenga en abundancia.
Frente a esta estrategia mundial necesitamos proponer prácticas sociales regionales y mundiales.
No es cuestión de vanguardias concretas, sino de sentido comunitario consciente y concientizador, de fermento colectivo, de luchas que se hacen en todo el cuerpo social desde lo pequeño, y sin desánimo de ningún tipo. Somos muchas las personas excluidas por el sistema, consideradas "desechables"; nos toca crear espacios en donde construir alternativas que protegen y dan vigor a la capacidad de soñar. Compartimos con todos el trabajo para tener derecho a compartir con todas y todos la cosecha. Nadie destruye lo que ama, si amamos la tierra de la que formamos parte, no podemos destruirla o degradarla. No somos seres de paso, dejamos a las futuras generaciones, ojalá mejorado, lo que fue creado por Dios para la felicidad común.
EN PANAMA NECESITAMOS UN VERDADERO DESARROLLO.
Con un realismo que no nos quita el optimismo ni la esperanza vemos claramente que el sistema imperante nos ha llevado en Panamá, y en el mundo, a la disminución de la calidad de vida, a la carencia cotidiana de las condiciones básicas, a la desintegración de la familia, a subrayar la discriminación racial, al aumento de la inseguridad, a la corrupción de todos los órganos de las instituciones públicas, a la exclusión de género, de niveles académicos, de ingreso económico, de los conocimientos tecnológicos. El sistema que nos rige y domina nos conduce a la anulación de nuestra identidad y manipula y restringe nuestra participación política. En resumen: se trata de un sistema inhumano, excluyente, que explota y destruye la naturaleza, que anula los derechos humanos, que privatiza los servicios nacionales, que nos lleva a la pérdida de la soberanía efectiva, que impide el ejercicio eficaz de la democracia y subraya, más bien, el individualismo. No es éste el desarrollo que queremos. A esto no le podemos llamar " desarrollo".
EN LAS COMUNIDADES HAY EXPERIENCIAS PARA CAMBIAR EL SISTEMA.
Desde nuestra fe, propugnamos, más bien, el aprendizaje de la organización comunitaria popular; la participación de los agentes comunitarios en la gestión de su historia; la recuperación de los valores esencialmente evangélicos y humanos; el centrar nuestra acción en el ser humano, hijo de Dios, y no en el capital o el mercado; el desarrollo integral que busque el desarrollo de todos y de todo en el ser humano en armónica relación con la naturaleza. Queremos fortalecer el sistema de la economía solidaria, que ya tenemos en marcha; queremos integrarnos en redes de economía solidaria nacional e internacional. Deseamos que se nos facilite la capacitación y formación continuas; queremos estar de verdad al servicio de la comunidad. Buscaremos un desarrollo que tenga como centro al hombre y a la mujer y al medio ambiente. El verdadero modelo de desarrollo que queremos necesita el ejercicio de una democracia participativa, que implemente radicalmente una política equitativa y que distribuya justa y eficazmente la riqueza nacional, para que podamos crecer juntos en el seno de la economía que queremos: una economía realmente solidaria.
LO MÁS IMPORTANTE, LAS PERSONAS Y SU REALIZACIÓN.
Con el Papa (Paulo Sexto, en la Populorum Progressio, número 34) creemos que ".todo programa concebido para aumentar la producción, al fin y al cabo no tiene otra razón de ser que el servicio de la persona. Si existe es para reducir las desigualdades, combatir las discriminaciones, librar al hombre de la esclavitud, hacerle capaz de ser por sí mismo agente responsable de su mejora material, de su progreso moral y de su desarrollo espiritual".
Continuamos el camino pidiendo al Señor nos provea de la disposición y la valentía para cuidar lo que amamos aunque las fuerzas del egoísmo continúen en su pretensión de hacernos desistir argumentando terquedad en sueños imposibles. Sabemos que Él mete su mano cuando la comunidad procura el encuentro y la palabra para regar semillas ya plantadas y sembrar semillas nuevas que crezcan según su voluntad. Nos consta que ésa fue la inspiración del Consejo Nacional de Pastoral Social Cáritas en la planificación, la convocatoria y la realización de este congreso que es parte de un proceso nacional empeñado en concretizar caminos para el compromiso, fruto exigido de la fe que nos fusiona.